sábado, 18 de julio de 2015

Las cárceles: Vigilar y castigar

Mis penitenciarios lectores, ya es un nuevo fin de semana y debemos apreciar la libertad que tenemos. Sabrán que participo para ser profesor en el Sistema Federal en prisión. Sí. Uno escucha muchas cosas de la prisión y se asusta; pero una vez leído Vigilar y castigar de Michel Foucault ya no sorprende tanto.
No es una novela, ni una obra de teatro, no cuenta una historia; sino que es la misma historia. Si conocen un poco a Foucault, sabrán que tiene la trilogía de Historia de la sexualidad, donde explica cómo evolucionaron las experiencias sexuales hasta nuestros días. En Vigilar y castigar conocemos el desarrollo de las prisiones y sus sistemas de tortura.
Foucault va desde las torturas antiguas hasta algo más moderno. Reflexiona cómo es que el castigo físico era a veces la misma “penitencia” y en otras sólo un medio para confesar los crímenes. ¿Se imaginan? Yo antes de leer este libro pensaba que en la Edad Media eran crueles porque así era el tiempo en el que vivían; pero no. Foucault nos explica que hay en realidad una razón de ser. El culpable debía confesar su crimen en menos de dos intentos porque si no quedaría libre, y las torturas obligaban a que esta confesión llegara a tiempo.
Describe métodos inimaginables que acabarán asombrando al lector, más por el morbo que por el desarrollo general de las acciones. Desde la famosa Rueda, hasta el cadalso o la guillotina. El inicio es todo un placer de lectura, pues llegamos a descubrir cosas que no teníamos ni idea. Claro que todo va haciéndose más tranquilo conforme los derechos humanos crecen. Pero Foucault se lo pregunta: ¿Si un preso tiene comida, techo y no necesita trabajar; no lo están premiando a diferencia de la clase pobre en desventaja? Curiosa idea. Pero Foucault no se hizo el gran crítico por hacer cuestiones vagas.

Ahora. Estamos hablando de literatura. ¿De qué nos sirve un libro sobre la historia del sistema penitenciario? Aunque no lo crean, hay un millar de trabajos académicos que usan a Foucault como método a seguir. Sobre todo el término “Poder”, que es lo que se trata de demostrar por parte del Estado cuando tiene alguien descarriado como lo sería un criminal. El “Poder” recorre todas las páginas de esta obra, pues explica específicamente sus funciones. Y en un país como el que tenemos, parece interesante saber un poco acerca de cómo el Estado ejerce dicha fuerza en la población, no sólo en su sistema penitenciario que demostró tener varios puntos ciegos como para dejar escapar a un reo de alta seguridad en Jalisco, sino también, mis penitenciarios lectores, en todo momento de nuestra vida libre y soberana.


sábado, 4 de julio de 2015

No más vampiros ni brujas: El don del lobo

Mis licántropos lectores, el día de hoy ya se cumple un mes de haber entrado como profesor universitario; pero también es justo el último mes en que formo parte como estudiante en las barracas universitarias. Al menos hasta el doctorado. Así que entre felicidad y tristeza empecemos.
Hace dos semanas vi en el muro de mi amigo Frausto que iba a empezar a leer una novela de Anne Rice llamada El don del lobo. Me sorprendí porque no conocía en absoluto de la existencia de dicha obra, quizá mientras estaba en la maestría me despegué un poco de mis autores favoritos, y ―efectivamente― lo había hecho. Esta novela salió a la luz apenas en el 2012, y ya tiene una continuación llamada Los lobos del invierno (2014).
Anne Rice es una escritora estadounidense que creció en Nueva Orleans, esa parte francesa de los Estados Unidos donde hay una curiosa mezcla cultural. Para los que vieron la película de Disney La princesa y el sapo,  es justo ese mismo lugar. Y tiene una riqueza folclórica increíble.
A Anne Rice yo la conocía por los vampiros, las brujas y el contexto egipcio que parece tanto gustarle. Me había leído toda ―sí, toda― la saga de vampiros y comenzado con las brujas y los faraones, descubriendo un gusto desbordante por su literatura. Para mi sorpresa está bien acomodada en la Universidad de Guadalajara, pues mi profesor de Novela Negra, Roberto Herrera, la reconocía como una escritora decente; a diferencia de la maravilla épica que tanto me gusta.
En general tiene buenas obras, los vampiros me encantaron y eran un dejo de la transformación radical que sufrió este ser mágico en los últimos años, pues tenían una belleza desbordante, pero seguían temiendo a la luz y eran sádicos cazadores, aunque también deprimentes existencialistas.
El don del lobo tiene un comienzo flojo. La obra parece perderse en el capítulo sexto del Quijote donde hacen el gran escrutinio de la biblioteca. Referencias por aquí y por allá a libros viejos. A mí ―que me encantan obras donde salen bibliotecas― me encantaba; pero nada de hombres-lobo… El salto fue radical, sufren un ataque y ahora sabemos que hay un “Lobo-hombre” en la ciudad. Como hizo Rice con los vampiros, este licántropo tiene una variante ligera que termina encantando. Hay sexualidad en el asunto, como si un vampiro o una bruja no tuvieran ya un subtexto sensual como se vio en otras novelas; le dota a su criatura de una libido envidiable que no parece estar tan del lado brutal, pues el mismo título de “Lobo-hombre” se entiende como un lobo que toma apariencia ―y conciencia― humana.

Muchas son las historias que juegan con ello, desde René Avilés Fabila en “Dentro de la piel del lobo”, o “Licantropía” de Enrique Anderson Imbert. Son cuentos que no pueden dejar del lado cuando lean esta nueva novela. Recomendada para conocer algo de lo nuevo en el mercado, mis licántropos lectores, y espero que la disfruten tanto como yo.


sábado, 27 de junio de 2015

Una novela sobre teatro: El maestro de las marionetas

Mis nipones lectores, espero tengan un excelente fin de semana. Estamos terminando junio y se aproxima la época de lluvias acá en México. Espero todos estén igual de contentos que yo; que ya recibí mis correcciones de la tesis de Maestría e hice trámites a una beca para conformar la Enciclopedia de Literatura Mexicana durante un año. Si eso es verdad, esta columna puede crecer bastante con nuestros libros y autores propios de esta Tierra.
Empecemos de una vez, hablando ―antitéticamente― de una autora china, maestra de escuela en Estados Unidos y que vivió cuatro años en Japón. Katherine Paterson. Entre sus obras, El maestro de las marionetas fue galardonada con el premio Hans Christian Andersen en 1998, el mayor premio de literatura infanto-juvenil del mundo. ¿Por qué hablamos de una obra infantil y ―para acabarla― oriental? Bien. He vuelto a mis clases de japonés en Guadalajara y en la semana me dediqué a leer finalmente este libro que mi amiga Karina Vargas terminó amando. Me dije: “Veamos por qué”.
Es la historia de un pequeño niño japonés llamado Jiro quien es hijo de un artesano de marionetas. En medio de la hambruna y la soledad, decide irse de casa para trabajar en el teatro donde su padre vende las marionetas. Termina experimentando el mundo del espectáculo, empezando desde lo más simple: telones, y acabando de maneras interesantes.
Algo que recomiendo, sobre todo si están interesados en la cultura o el idioma japonés, es leer esta obra que te mete de lleno en la ideología japonesa y en el famoso arte del Bunraku, las marionetas japonesas. Japón tiene muchas artes, entre ellos el Bunraku, que consiste en una obra de teatro con marionetas de tamaño casi humano. Es tan pesada y difícil de manejar, que toma años ser proeficiente en una de las partes de la marioneta, pues se necesitan tres operarios, los pies, la cabeza y un brazo, y el otro brazo y su desplazamiento. Ahora imaginen tener a tres personas vestidas de negro en medio del escenario moviendo todo el equipo marionetista, al igual que hay animales volando, todo con una narración desde el costado con una persona quien, a libro abierto, declama las acciones y los diálogos. Pues eso es justamente el Bunraku, un teatro muy distinto de lo que conocemos, pues esas figuras en negro desaparecen de nuestros ojos. Nos enfocamos mucho más en los desplazamientos de la mano, cómo toma un pañuelo, cómo sus ojos se entristecen o cómo caminan delicadamente a través del escenario, que en los encargados de este teatro, pues es justo el efecto deseado.

Si quieren saber más sobre este curioso entretenimiento japonés, pueden buscar en internet más sobre el Bunraku, hay videos y artículos extensos, o leer El maestro de las marionetas. No confundir con la saga de películas de terror donde juguetes asesinan personas. Sobre todo acérquense a sus Salas de lectura y Paralibros, mis nipones lectores, pues este libro está esperándolos ahí.



sábado, 20 de junio de 2015

Algarabía: El libro de las palabrotas

Mis malhablados lectores, sigo trabajando en bachillerato, lleno de esperanzas de que mis catorce alumnos lleguen a amar la literatura ―o al menos a aprobar la clase― tanto como como yo. En las últimas cuatro clases les he leído diariamente alguna minificción o un cuento muy breve, pero ayer me di a la tarea de leer justamente un tomo que convence por el nombre El libro de las palabrotas, de la editorial de la revista Algarabía.
Para aquellos que no conocen esta revista, se pierden de mucho, como de una variedad de datos innecesarios y curiosos, que siempre terminan sorprendiendo al lector. El término “algarabía” significa festejo o vítor ante algo, y es el título de la revista, tanto un reflejo de lo que encontramos dentro de ella. Cada número tiene una especialidad: sexo, dragones, laberintos, edad media, películas de los 80. Pero contado a un público común. No es una revista de esas que se inundan en comentarios rimbombantes, sino algo más sutil, escrito por personas que entienden a los demás, que les comprenden y saben que hay ciertos modos de hablar para que les entiendan.
La revista es una cosa, pero Algarabía como marca lleva su pequeño mundo a cuestas. No sólo tiene artículos como pines, bolígrafos, separadores y camisetas, sino que aprovechando el papel que gastan, también son editorial de semejante cantidad de cosas. Libros de una colección que van desde mujeres infames de la historia, datos científicos, y el que comentamos ahora El libro de las palabrotas; como también libros dedicados a contar lo que pasó en cierto año. ¿Quién no quiere saber todo lo que ocurrió en… digamos… 1986? Año de nacimiento de su servidor. Si eso fuera poco tiene juegos de mesa como el manual de conversación, que consta de tarjetitas con datos curiosos para comenzar una charla, al estilo: “¿Sabías que Monterrey es la ciudad donde se consume más Coca-Cola?”, comenzando una plática o argumentando después a favor o en contra y llevando a todo evento social al éxito.

Toda una marca, como decíamos; pero su comercialidad, no le resta lo entretenido. El libro de las palabrotas recibe su nombre, no de ofensas, sino de palabrotas. La profesora Zeromska de la Universidad de Guadalajara escuchó una vez que gritábamos “albricias”, y deteniéndose con ceño fruncido nos dijo: “Qué palabrotas son esas”. Todos estallamos en risas porque “albricias”, así como “algarabía” no son términos comunes. Lo que hace este ejemplar es poner a modo de diccionario una serie de términos de lo más curiosos, como “asaltacunas”, “cuentachiles”, “infante”, “oligofrénico”, e incluso “energúmeno”, “tocayo” y “brandy”. Todo esto con un discurso muy amigable. Cada entrada mide de dos a cuatro páginas, son muy breves y divertidas. Y, mis malhablados lectores, si quieren saber más de estas palabras, busquen este libro de Algarabía en alguna librería o su ParaLibros más cercano.



sábado, 13 de junio de 2015

Imaginando: Fantasías en Carrusel

Mis pequeños lectores, esta semana ha sido de lo más complicada. No sólo estoy de vuelta en México tras dos meses en Buenos Aires, sino que tuve que ir a Guanajuato para dejar papeles de fin de Maestría y comprobación de mi viaje, y ―como si eso no fuera poco― acabo de empezar a dar clases a chicos de preparatoria. Tantos cambios y ajetreos me han dejado fatigado y decidí hablar de lo que les leí a mis nuevos alumnos el pasado jueves: Fantasías en Carrusel de René Avilés Fabila.
La edición data desde 1978, y la más reciente de 1995 por el Fondo de Cultura Económica. Por desgracia, el libro se descontinuó y estamos en espera de volver a verlo como “Novedad” en los aparadores del Fondo. Este libro de 640 páginas me salvó la vida hace un par de años, cuando tras mis jornadas laborales, llegaba a mi habitación a leer una minificción, todo lo que mis ojos y cuerpo podían leer, y caía dormido; pero feliz de haber leído algo.
Fantasías en Carrusel es una antología de minificciones hechas por un destacado miembro de la literatura mexicana. En ella toca temas de literatura misma, de miedo, del reino animal, mitológicas, divinidades, oficios, cuentos de hadas, en fin, un mundo completo. Destaco la importancia de este libro por mi anécdota y porque de verdad es un creador de minificciones bastante bueno. Está entre los ignorados de la literatura, lo mismo le pasó a Enrique Anderson Imbert en Argentina que es dejado de lado por sus contemporáneos Borges y Cortázar. Y aunque Aviles Fabila no es un autor “menor”, sí ha sido dejado de lado un poco. Por ello hay que apreciar lecturas olvidadas.
Ahora, si el lector abre el índice y ve todas las posibilidades que le despliegan los más de 200 textos, ¿qué debería de leer? Una profesora de licenciatura dijo una vez que hay que abrir una antología de cuentos y poemas como queramos. Aquí mi asesora de tesis saltaría iracunda al recordarme que toda obra tiene cierto sentido de lectura; por algo se llaman de cierto modo los libros, y la primera y última obra siempre tienen una relevancia importante con el resto de los textos; pero no siempre hay que ser tan académicos. Somos lectores, nada más; no se puede pedir un academicismo extremo al lector cotidiano que está fuera del mundo de la Crítica literaria. Esto es lo que trató de demostrar Cortázar en Rayuela, justamente; por eso dejo estas dos posibles lecturas, la sugerida por el autor, o la personal.

Si ya estando en esto, me preguntan cuál es el mejor de todos, mis pequeños lectores. A mí me encantaron “Dentro de la piel del lobo” y “Autocanibialismo”. Ambos un poco más largos que la minificción en sí, pero recomendables. No me resta más que despedirme, mis pequeños lectores. Estoy a su disposición en internet para cualquier sugerencia o comentario.


sábado, 6 de junio de 2015

En las ligas mayores: Novela de ajedrez

Mis jugadores lectores, les saludo este bonito día de verano desde mi hermosa Guadalajara. Luego de un viaje de 12 horas desde Mendoza hasta Buenos Aires, y de 22 horas entre conexiones hasta llegar a mi ciudad, por fin estoy en casa. En Mendoza, me hospedé en casa de mi amigo Mateo Rinland, y me recomendó una novela que tenía en mi acervo de Salas de Lectura y no había podido leer: Novela de ajedrez, o en otras traducciones Novela de ajedrez.
Stefan Zweig es autor de esta obra. Un austriaco desplazado por la primera Guerra Mundial y llegó hasta Brasil, donde finalmente se suicidó junto con su esposa. ¿Por qué leer la novela de Zwig? Primeramente por ser breve. En su versión de la editorial de conaculta, Alas y Raíces, tiene 94 páginas, además de que en cualquier librería educal ―en la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, como en el Hospicio Cabañas en Guadalajara― a un muy bajo costo. El segundo punto para leer Novela de ajedrez (1942) es que plantea en sus páginas la posibilidad de estar en un trasatlántico con destino a Buenos Aires y tener a un lado a Czentovic, el campeón mundial de ajedrez y al otro a un excéntrico hombre rico quien pagaría por una partida de ajedrez con el campeón. En ese momento se introduce un cuarto personaje importante: el señor B, quien tiene un dote impresionante para el ajedrez debido a su oscuro pasado, donde el ajedrez ―juego de ingenios y supremacía mental― le ayudó a sobrevivir.
Igual que En busca del tiempo perdido, de Proust que todo se desarrolla en el período de remojar una madalena y comerla, la novela son dos días en el trasatlántico en lo que se enfrentan tres veces y conocemos la historia del señor B. Nuestro narrador, un periodista que buscaba una entrevista con Czentovic es el encargado de contarnos todo e ir hasta los momentos de la guerra. Curiosamente la vida de Stefan Zweig está muy ligada a esta novela. No soy un fanático del biografismo literario, pero pensemos en que dos años después de esta novela, fue que se suicidó. Así que podría haber un vínculo entre su vida y la novela, pues en ambos casos hay un personaje europeo que debe viajar a Sudamérica.
También podríamos considerarla por tiempo de lectura. Novela de ajedrez, se lee en un par de horas. Es el perfecto compañero para un viaje, como el barco donde sucede la novela, o en cualquier conexión de aeropuerto. Nos enseña la multitud de personas que hay a nuestro alrededor, en un autobús, avión, trasatlántico; incluso en la vida diaria. No conocemos por lo que otros tuvieron que pasar. Muchos tienen talentos ocultos desarrollados por traumas infantiles, habilidades propias de una repetición innecesaria durante su adultez; hay un mundo de posibilidades de que nos topemos con gente así, como dice la famosa frase “La realidad supera a la ficción”.

Mis jugadores lectores, busquen a este ―hasta hace poco― desconocido autor austriaco que tiene desde teatro, poesía, biografía hasta novelas como esta que nos incumbe hoy.

sábado, 30 de mayo de 2015

El exotismo en España, Romancero gitano

Mis verdosos lectores, les saludo desde Mendoza, Argentina en la casa de mi gran amigo y futuro profesor de literatura: Mateo Rinland ―de quien espero escribir algún día―. Hoy leeremos a un escritor español llamado Federico García Lorca. Fuera del escándalo ―amoroso― que tuvo con Salvador Dalí, hay que dedicarle unos minutitos a leer su famoso Romancero gitano (1928).
Cabría mencionar que en España fue crucial para su desarrollo histórico la presencia de los moros y los gitanos ―El Cid por ejemplo―. Los gitanos reciben ese nombre debido a la creencia de que venían de Egipto, es decir: "egiptanos". Y el mismo carácter arcano del antiguo Egipto les era atribuido a estos personajes. Tenemos representaciones de los gitanos en obras como la de Victor Hugo, Nuestra Señora de París (1831), adaptada al cine ―entre otros― por Disney bajo el nombre de El jorobado de Notre Dame (1996). Figuras como la bella Esmeralda se encuentran aquí, más porque para los españoles, el gitano tenía una carga semántica importe. No sólo la magia y la historia, sino la sensualidad árabe de Las 1001 noches. De aquí sale uno de los poemas más famosos de este Romancero gitano.
Lo he leído a mis alumnos de secundaria al ver el tema de la poesía, pues muchos a esta edad creen que la poesía sólo es usada para el amor. Les leo "Preciosa y el Aire" y quedan maravillados ante este intento de violación escrito en octosílabos ―se llaman romances los poemas de ocho sílabas―. Preciosa es una bella jovencita gitana que se acerca tocando su pandereta ―la luna de pergamino― cuando le sale al encuentro Don Cristobalón desnudo con su espada en pie de guerra. La persecución se da hasta que encuentra refugio, pero el hombre, ahora representado como el Viento Verde, siempre le estará mirando.
¿Qué me dicen de "Romancero sonámbulo"? Una aliteración muy eufónica: "Verde que te quiero verde. Verde viento. Verde ramas”.  Algunos dicen que la voz poética de este texto ya murió y está recordando sus tiempos en el mundo terrenal. Había que leer el poema y comprobarlo.
La obra de Federico García Lorca no quedó en España. Llegó en barcos a México y fundó una nueva escuela lírica. Por la que muchas generaciones del 40 en delante se guiaron por este modelo como Xavier Villaurrutia con la obra de teatro La casa de Bernarda Alba (1936).

Terminemos esta recomendación literaria con una sola y vaga idea. Aunque tengamos poetas y narradores precolombinos, la idea estética viene de Europa. No hay que girar la mirada a obras que vienen fuera de nuestro contexto. A veces tenemos joyas esperando a ser leídas en muchos otros lados y no las conocemos por el ostracismo que tenemos. Así yo he salido de mi área de confort que es la literatura fantástica aceptando que hay creaciones espectaculares en otros géneros como la poesía y la novela de costumbres. Mis verdosos lectores, me despido de nuevo, esperando que tengan un excelente fin de semana, esperando sus comentarios por correo electrónico o por el mi blog.



sábado, 16 de mayo de 2015

Teatro, magia y demonios: Fausto

Mis pactantes lectores. Esta semana participé en el II Encuentro Internacional de Literatura Fantástica que organizó la uba y la Biblioteca Nacional. Fue una desilusión al escucharlos equiparar lo maravilloso con lo fantástico, y ver que no aprecian distinción entre Literatura fantástica y la Ciencia ficción. Pero son autores; no podemos pedirle un academicismo a alguien del ámbito estético.
Entre tantas lecturas y autores desconocidos para mí, escuché un título conocido: Fausto. Este nombre me persigue desde hace un mes, y el escucharlo y leerlo justo el lunes en dos ámbitos diferentes, me convenció de que ―de modos mágicos― el Universo quería que hablara de esta obra de teatro.
Raro cuando hablo de teatro. Más aún, decir que hay teatro de lo fantástico. Aunque el teatro y la verosimilitud se llevan de manera excelente, lo fantástico es complicado de manejar en representaciones teatrales. Johan Wolfgang von Goethe, autor alemán el siglo xix escribió, además de Las cuitas del joven Werther; Fausto. Una obra tremenda donde se formalizan los pactos con el diablo. Fausto se convirtió en un arquetipo. En Argentina tenemos “Las Vísperas de Fausto” de Adolfo Bioy Casares, o “Fausto” de Estanislao del Campo, ambos recuperados por Nicolás Cócaro en Antología de cuento fantástico argentino. Hasta usado en el anime japonés Shaman King (1998). Igualmente, lo colocó mi amiga Fabiola García Ruelas, como un fauno quien perdió sus cuernos pactándolos por un pedazo de tierra.
¿A todo esto, quién es Fausto?
La obra inicia con una discusión entre Dios y Mefistófeles. La misma situación de Job: un hombre bueno debe ser tentado para probar lo amable de la sociedad humana. Es entonces que Fausto, académico y profesor, está versándose en el mundo de la alquimia. Convoca espíritus y demás seres, entre ellos, a Mefistófeles: gran tentador que le concederá todo lo que quiera a cambio de su alma inmortal.
El libro dista mucho en extensión de lo que actualmente entendemos de una obra de teatro. Me tomé dos días intensos de lectura, mientras que con Shakespeare no paso de las cuatro horas. Pero las descripciones son mágicas. Justo citaron en cartografías medievales cómo en los extremos del mundo siempre habían monstruos y demás entes disformes. En algún momento del relato, Mefistófeles visita una tierra donde hay toda sarta de quimeras, desde la mitología griega, con Quirón y la hidra, hasta brujas y demás demonios. Y aunque es la parte más floja de la pieza, vale la pena continuar.
Como dato curioso: este texto inmortalizó la escena del deshoje de una margarita y el “me quiere; no me quiere”. Así se llama la amada de Fausto.

Hay magia y un barroquismo literario excelentes, mis pactantes lectores. Les recomiendo este texto que encontrarán en muchos lados, como en la Colección de “Sepan Cuántos…” de Porrúa bajo el No. 21.


sábado, 9 de mayo de 2015

Marco Polo: Las ciudades invisibles

Mis exilados lectores, el día de hoy les escribo desde la fría tierra de Buenos Aires, donde la nostalgia de más de un mes de estadía en el Cono Sur me pega bastante. Por eso, lo fantástico llega a mí como reminiscencia de la realidad, y junto a ese recuerdo: un autor italiano muy importante para mi amiga Montserrat Zúñiga. Hablo de Italo Calvino.
En septiembre se cumplen treinta años de su muerte, dejando una producción despampanate; libros de cuentos, ocho de ensayo, más de doce novelas y ―mi favorita― una antología de cuento fantástico del siglo xix. Aunque está bajo las ―caras― manos de Siruela, vale la pena leerlo y conocerlo. Hoy hablaré de Las ciudades invisibles (1972), novela recopilada en las “100 joyas del milenio”, y que pueden encontrar usado a menos de $100°°.
En la prosa conocemos a Marco Polo ―diferente a la versión de Netflix― y sus viajes de descubrimiento para Kublai Kan. Estamos hablando del siglo xiii, donde los mares aún eran ignotos y la magia vivía en todos lados. Pienso en los grandes bestiarios, grimorios y demás tomos necrománticos. En este texto tenemos de boca de un explorador narraciones de ciudades imposibles, como aquella donde no hay palabras, sólo dibujos. Otra ciudad es donde los muertos se dejan bajo tierra en una ciudad idéntica a la de la superficie en la posición propia de su trabajo. La ciudad donde cada tanto tiempo nace una nueva al centro y desplaza a su antecesora. Ciudades que, cuando te miran, deseas sexualmente a esa persona, y no puedes dejar de pensar en ella. Ciudades donde en vez de los rostros de los habitantes, sólo puedes ver a personas que perdiste en vida y, a donde vayas, estarán mirándote a través de los cuerpos de desconocidos.
El libro es fascinante. Una mezcla de lo maravilloso y lo fantástico que nos tiene al borde de la expectativa ¿Con qué ciudad me sorprenderás ahora, Sherezade? Cada ciudad tiene nombre de mujer, y algo de erótico hay en ello. Pero de pronto en pronto, los textos van cambiando, dirigiéndose a una introspección especular. Separado en nueve partes, vemos entre cada una de ellas una colección de mínimo cinco ciudades, y una conversación de Marco Polo con el Gran Kan. Hablan de los viajes, del precio de su cabeza, de qué pasa si lo engaña, de la misma realidad. Pero todo esto entrecortado con las sorprendentes ciudades. Si conocen la animación japonesa ―encontrada con subtítulos en YouTube― Los Viajes de Tortov Roddle (2003), sabrán de qué hablo. Un visitante que encuentra la maravilla entre lo común. Los lugareños no encuentran raras sus tradiciones, pero saben en ocasiones que al extranjero le resultarán tan curiosas; haciendo uso de una frase famosa: “Es hermoso, y desconocido”.

¿Qué ciudad visitarán, mis exilados lectores? ¿Alberta, Zora, Berenice, Moriana? Hay de todo para el gusto del lector. No se defraudarán con este ejemplar, así que búsquenlo, lo encontrarán.


viernes, 1 de mayo de 2015

Maravillémonos a través del espejo con el Snark

Mis maravillosos lectores, es una lluviosa tarde de otoño en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde donde reflexiono con curioso interés todos los cambios que pasé después de esas casi trece horas de vuelo con mi último punto de contacto cultural: el Aeropuerto de la Ciudad de México. Como saben, me especializo en lo fantástico y la fantasía en la literatura, por eso ―gracias a las recomendaciones de mi querido compañero Alejandro Briseño― me permito sugerirles una lectura tripartita: los trabajos de Lewis Carrol.
Contexto: Inglaterra a mediados del siglo xix. Un viaje en barco con el autor y tres pequeñas niñas. A falta de otro medio de entretenimiento, Carroll y las pequeñas confeccionan una historia que más tarde sería transcrita y aderezada por nuestro personaje.
Alicia en el País de las Maravillas es una obra importantísima en lo que consta de literatura infantil y juvenil, aunque no debe ser relegada a ese mundo. El carácter del juego y la demencia del mundo adulto están en fuerte conflicto con la única cuerda: Alicia. El gato de Cheshire ―inspiración del argentino Enrique Anderson Imbert―, la Reina, el Sombrerero, son personajes que no han dejado de fascinar al mundo ―y no se diga a los japoneses―, al grado de la película épica que llegamos a ver hace un par de años en cartelera ―sin mencionar la serie Once Upon a Time―. Y ni se diga el Síndorme de Alicia, donde todo lo ves transtornado como las imágenes de este libro.
Carroll no se conformó con eso, siguió un paso más adelante con una historia alterna ―continuación dirían algunos; pero no lo considero así― donde Alicia visita el mundo a través del espejo y se pierde en un tablero de ajedrez. Los reyes están en disputa, se topa con la pelea del león y el unicornio; y si mi memoria no me falla, es donde aparece la canción del Jabberwocky ―y la espada Vorpal, usada por Dungeons and Dragons como el arma más poderosa de todo el juego―. En fin, todo un mundo complejo y donde otra vez, ningún adulto parece preocuparse de nada, dejándole a la niña el arduo trabajo de ser la única madura y cuerda del universo.
La ciencia y la lógica se ven alteradas aquí. Hay muchas leyes de la realidad que han estudiado los científicos a partir de la creación de Carroll y no se diga de tantas disyuntivas filosóficas. El libro tiene una ridiculez ―en el buen sentido de la palabra― que no haces más que reír a carcajadas, ponerla en Facebook, colocar un separador para regresar otro día, o rayar tu libro ―esta última la condeno como el bibliotecario que soy―.
Algo que no se aprecia mucho en nuestras versiones es el uso del pormanteau. Combinación léxica de dos términos, quitando el punto de juntura. En el caso del texto breve: La caza del Snark, es la combinación de “snake” y “shark”, serpiente y tiburón. Uno de los animales menos definidos de toda la literatura, y que incluso es difícil de seguir, pero sumamente terrible.

En fin, este fin de semana, Primero de Mayo, les dejo el trabajo de leer a Alicia y todo lo que encontró en ese mundo. Estoy a sus órdenes, mis maravillosos lectores, nos veremos la siguiente semana.