sábado, 28 de marzo de 2015

Enamorándose de la ciudad Fervor de Buenos Aires

Mis porteños lectores, esta semana ha sido de grandes cambios para mí. Entre una escala lingüísticamente horrible en São Paulo donde ninguno de los idiomas que hablo me sirvió, llegué a Buenos Aires. La verdad, si han visto la película de Mi pobre angelito perdido en Nueva York, la escena de inconmensurabilidad que tienen los enormes edificios se comprende muy rápido en Buenos Aires. Son estelas de piedra a estilo europeo de al menos ocho pisos. El choque con mi baja Guadalajara es mucho, y ni se diga Guanajuato.
¿A qué viene todo esto? Verán, no me considero un especialista en Borges; pero sí un conocedor con muchos referentes teóricos, y al estar aquí, pensé en ese poemario: Fervor de Buenos Aires. Libro publicado en 1923 en edición de autor con sólo 300 ejemplares, pero que ahora todos pueden conocer de forma simple. En las originales 64 páginas se hicieron 46 poemas y un prefacio, y en 1969 ―la segunda modificación de Borges― terminaron siendo 33 poemas.
Recomiendo que el contenido del libro sea leído antes de conocer Buenos Aires, pues hay una cantidad de emociones que el autor argentino tiene cuando abandona su patria y regresa para verla en aras de la tecnología. El poemario habla de esa nostalgia y el fervor al momento de ver los barrios cambiar. Es una mirada a una ciudad que ya no está, pero que permanece en cierto modo. Los edificios, las calles, la milonga y el tango no se han ido ―me consta―, pero ahora están en un bucle temporal del que no se permite salir, como abrir las puertas a un edificio y darte cuenta que el ambiente es idéntico al de hace cincuenta años ―como el Café Tortoni acá en Buenos Aires―. Los sábados, las calles, el arrabal, los barrios recuperados, la Plaza San Martín, aquello genera una ausencia terrible en Borges, pero que al mismo tiempo enamora, recuperando el “color local”. Pero también, como dijo mi amiga Montserrat Zúñiga Meza el pasado 8 de marzo en Mérida, Yucatán para unas Jornadas Académicas; tratamos con un poeta-ojo. No sólo es un fisgón, ni un flaneur, sino que fragmenta a la ciudad moderna y nos la presenta en partes, según el grado de emoción generada.
Estudios sobre Fervor de Buenos Aires se han hecho por kilo. Pero no es lo mismo leer sobre el libro que leer la obra en sí. Porque además, no es la clásica poesía rimada y medida, sino en el verso libre, según las ideas Ultraístas que tenía Borges donde pedía renovar la metáfora gastada. En sí no había otra forma de cantarle a su Buenos Aires de otro modo que no fuera con el verso libre. Era una ciudad en transición, y qué mejor que la lírica tradicional sufriera los mismos arrebatos.

Los poemas son bastante interesantes en su tema y filosofía. Hay una rosa que les puedo encargar buscar y darse cuenta de qué quiere hablar en realidad. ¿Los faroles tienen simbolismos? Eso, mis porteños lectores, se los dejo a su consideración, despidiéndome desde el Sur.


sábado, 21 de marzo de 2015

Trágica noticia para la literatura fantástica: Terry Pratchett

Mis planos lectores, el 12 de marzo, tras mandar mi columna sobre José Luis Zárate me enteré del deceso de Terry Pratchett, uno de los pilares de la fantasía contemporánea, precursor de muchos temas como los que tenemos en las series estilo Adventure Time, y del nominalismo en la maravilla épica.
Este autor inglés me cautivó gracias a la frase de mi amiga Gaela Lorcan: “¿No conoces Mundodisco?”. Frase que en su momento lo escuché como “Mundo Disco”, remitiéndome a Saturday Night Fever. En qué error estaba. Mundodisco es la concepción de un universo donde se retoma esa vieja idea hindú ―aparecida en el Ramayana― donde nuestro planeta estaba sostenido por cuatro elefantes al lomo de una tortuga aún más grande, y rodeada por una serpiente con proporciones superiores a la anterior. En Mundodisco no nos hablan de una serpiente, sino se limitan a Akupara ―nombre de la tortuga en el mito― y nos explica que esta tortuga es una de tantas viajando en el universo. Y no se aflijan por las guías de lectura de Mundodisco y sus toneladas de novelas; lean a su gusto estas microhistorias con la clásica hilaridad inglesa en un contexto de maravilla épica.
El color de la magia (1983), la primera obra donde aparece Mundodisco y es una parodia de Dungons and Dragons y otros. Pratchett se burla de las obras de este tipo como lo llegó a hacer Cervantes con su Quijote. Hasta papá Tolkien sale perjudicado. Pero algo debe tener; es el segundo autor británico de ficción más vendido ―después de Rowling―. En la obra vemos la malignidad del número “ocho”. Si hablan francés saben que el “ochenta” y sus unidades, son cantidades complejas de aprender, pues aquí hay aún más destrozo. Pensemos así: generalmente son siete colores los del arcoíris, el octavo color recibe el nombre de “octariono” un “púrpura amarillo verdoso” que sólo puede ver aquel que posee poderes mágicos, pues es el color de la magia. La mera mención de este número puede traer desgracias, por eso los personajes dicen “Tú sabes, el resultado de sumar cinco y tres”, u otras tretas al estilo ingeniero en sistemas, o licenciados en matemáticas.

La vida de Pratchett debe pensarse como la de un autor que disfrutó lo que hacía. Sus historias nos abren la puerta a una nueva cosmogonía bastante curiosa. El color de la magia tiene también una película, y hasta juego de rol existe basado en el Mundodisco. Así que, mis planos lectores, denle la oportunidad a este autor y honremos su pérdida dando lectura, y pensemos en lo que dijo alguna vez: “Los vivos eran los que no se daban cuenta de que sucedían cosas extrañas y maravillosas, porque la vida estaba demasiado llena de cosas aburridas y mundanas”.


sábado, 14 de marzo de 2015

Ensayando nuestra cultura popular: Entre la luz

Mis patíferos lectores, debo emitir una disculpa pública por mi ausencia la semana pasada, pero entre trámites de intercambio, di una conferencia en Mérida dentro de la filey 2015 y algunos asuntos de índole personal, me incapacitaron por completo a publicar mi anterior columna.
Como saben, un viaje de semejantes proporciones: seis horas a la Capital y un avión al Golfo de México, te dan tiempo para leer. Esta vez fue tiempo de la maravillosa obra de José Luis Zárate: Entre la luz (y otros temas igual de tangibles), publicado en el 2013 por editorial Arlequín. De Zárate conocía minificciones, publicaciones en Facebook y tweets magníficos que te provocan humor y reflexión a la par, esto fue lo que me inclinó a comprar este ejemplar el año pasado en la fil Guadalajara. Son 106 páginas de una gozosa lectura ensayística que no puedes dejar a un lado. Desde Disney a las biografías y láminas que comprábamos en la primaria, de los tacos afuera del aeropuerto del DF ―mea culpa, comí ahí― hasta su opinión en torno al libro electrónico. Todo esto inunda el libro con un discurso bastante grato.
Son 21 ensayos los que nos muestra José Luis Zárate y que en ocasión están puestos en modos bastante novedosos, como el llamado “Disney” que abre el ejemplar con una serie de escolios a las películas que logró hacer en vida el famoso Walter Elias Disney. Listados como “Los diez monstruos a los que invitaría una cerveza” o “Treinta puntos sobre el libro electrónico”. La presentación de estos rompe lo que generalmente se espera; aunque después de Borges y sus Inquisiciones ya nadie puede ser un lector ingenuo.
Algo que también destaco ―y que sería un objetivo primordial para acercarse a este libro― es el uso del lenguaje. Hablamos de memorias usb, maestros japoneses, culturas emergentes, de cosas ―como bien lo dice el título― tan tangibles como la luz. Cada uno de estos temas es tratado sin un discurso rimbombante, pero eso no lo hace descuidado. En mi experiencia de hace días al comer en un puestito callejero afuera del Aeropuerto de la Ciudad de México “Benito Juárez” encontré la sentencia en “Tres de ambiba frita, por favor”:

«En los restaurantes caros nos muelen pimienta justo enfrente de nosotros, o flamean los postres, o acercan a un samurái cocinero para cortar exquisitamente hierbas sutiles. Pero, ¿en cuántos sitios puede un presumir que encienden un avión 744 para condimentar un taco?»

Zárate pone en tinta cosas que todos sabemos pero que no nos atrevemos a pensar. No todos sabemos datos geeks o de subculturas de internet gracias a un escritor serio. Bueno, puede que no use temas serios; pero su manera de reflexionar lo es.

Causa intriga e interés descubrir este libro, mis patíferos lectores. Si no pueden conseguirlo, ya que Arlequín tiene un sello editorial algo limitado a Jalisco y sus alrededores [o visiten su sitio web donde pueden hacer pedidos], esperen a una Feria del Libro de su zona, si no se topan con el libro tan ansiado, puede que se encuentren al mismo Zárate acompañado de Alberto Chimal.

domingo, 8 de marzo de 2015

La feminización del agua, la adjetivación en Zozobra de López Velarde

Presentada en la Mesa Panel: Vanguardias Latinoamericanas en la poesía de inicios del Siglo XX en las Jornadas Académicas, 7 Coloquios de América Latina: Se lee, se piensa se escribe, realizada el 08 de marzo de 2015 en el Gran Museo del Mundo Maya, dentro del marco de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán. En Mérida, Yucatán.

Abstract: El modernismo hispanoamericano es derivación de varias vanguardias donde se buscaba la renovación de la metáfora. En el poemario Zozobra (1919) del mexicano Ramón López Velarde se puede ver cómo se manejan los símbolos del agua y el fuego como femeninos y masculinos respectivamente. Dentro de la poética de López Velarde esto tiene un uso específico, pues ―igual que muchos otros modernistas― la mujer cobraba una fuerza erótica inigualable. El modo en que se crean ambientes de sensualidad en Zozobra es parte de su ars pætica y del mensaje final del título de este poemario.

Síntesis curricular: Estudiante de la maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato. Ha sido ponente y tallerista en varias instituciones públicas y privadas del país. Publica semanalmente para el periódico am de Guanajuato recomendaciones literarias. Forma parte activa del Programa Nacional de Salas de Lectura. De igual modo es moderador del primer Círculo de Lectura online LibrosMéxico.mx de la sep y conaculta en torno a la obra de Gutiérrez Nájera.


La feminización del agua, la adjetivación en Zozobra de López Velarde
LLH Miguel Ángel Galindo Núñez
Universidad de Guanajuato
Maestría en Literatura Hispanoamericana


Existe una dicotomía muy notable en torno al agua y el fuego a lo largo de la historia de la humanidad. Estos elementos de la naturaleza se han puesto en constante enfrentamiento simbólico desde principios de los tiempos. El análisis de este carácter es trabajo muchos especialistas de la mitocrítica o de las religiones. Desde este punto, pinturas como Clariana (1775), de Josep Mallord, donde se ve una ráfaga de fuego emergiendo de la mar sería una gran contradicción estética; en su defensa, Simone de Beauvoir dice muy acertadamente: “La creación ha sido a menudo imaginada como un matrimonio entre el fuego y el agua” (Beauvoir, 2008: 73). La separación de ambos elementos establece el equilibro: genera el cosmos.
El Modernismo surgió aproximadamente en 1890, especialmente en la poesía. La métrica vio sus últimos instantes canónicos, y el lenguaje se renovó tanto como para dar paso a las vanguardias. “El término modernismo [es] la denominación del amplio movimiento literario renovador que llena toda la época finisecular del xix y termina en las dos primeras décadas de la centuria siguiente” (Lazo, 2000: 20). El padre de este movimiento, como movimiento reconocido mundialmente, ha sido considerado Rubén Darío y su poemario Azul… (1888), pero es José Martí el “primer creador del Modernismo por la doctrina estética de libertad y fecunda originalidad artística que formuló y practicó desde 1875” (Lazo, 2000: 20). Esto devino en un movimiento más desarrollado denominado Posmodernismo, el cual, como dice José Miguel Oviedo “Si el término «modernismo» es complejo, el de «posmodernismo» no lo es menos” (Oviedo, 2001: 11). Significaba la crisis y disolución de su predecesor, y aunque sus inicios varían entre el inicio de la Revolución mexicana en 1919, la Primera Guerra Mundial en 1914, o la muerte de Rubén Darío en 1916 (Historia, 2010: 411-412), los teóricos concuerdan en que se trata de un desprendimiento y secuencia del Modernismo carente de cualquier manifiesto. Su gran importancia reside justamente en esa síntesis de muchas fórmulas, con frecuencia contradictorias, que cancelan del todo los hábitos finiseculares e inauguran los modos propios del siglo xx” (Oviedo, 2001: 13). Aquí tenemos a Enrique González Martínez con uno de sus poemas famosos:

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda... y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno...

Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno (González, 1984: 49-50).

Además de González Martínez, otro de los representantes de este movimiento fue Ramón López Velarde (1888-1921), escritor nacido en Jerez, Zacatecas. Su obra lírica se entiende mejor si consideramos que entró al Seminario de Zacatecas a los doce años y permaneció ahí durante dos años y se trasladó —después de una mudanza familiar— al Seminario de Aguascalientes, teniendo una influencia de la religión en toda su vida. En 1905, abandona la carrera del sacerdocio y decide dedicarse a estudiar Derecho como su padre. Durante la Revolución Mexicana, una vez graduado en Leyes, obtuvo un puesto de juez. Para este tiempo, la literatura ya era comandada por los posmodernistas. Carlomagno Sol, en su estudio preliminar de Zozobra, nos dice que “López Velarde es un poeta heredero del Modernismo y de ningún modo modernista pleno, ni mucho menos epígono. Es un poeta que está más allá de este movimiento […]” (López, 2004: 40), y se puede comprobar perfectamente cuando, analizando la obra, no se descubre ningún soneto en algunos de sus poemarios. Se hacen comentarios en relación con su producción tan breve, ya que “escribió poco: los sencillos y sentimentales versos —con temas de la vida provinciana—de La sangre devota (1916); los complejos y rebuscados versos de Zozobra (1919); y, póstumo, El son del corazón (1932)” (Anderson-Imbert, 2005: 23-24). Su última obra en vida, Zozobra, es considerada su mejor trabajo. Contiene cuarenta poemas —número religiosamente significativo—. En el libro no encontramos ningún soneto, marca bastante clara del desapego por la poesía tradicional y muestra de una desviación de tono y tema modernista (Lazo, 2000: 104), que, según se desea ver, pertenece a la segunda etapa del autor, antecedida por La sangre devota (López, 2004: 39).
Su adjetivación llega a tomar matices muy diversos, pero en el presente estudio, nos enfocaremos específicamente en cierto campo semántico dejando sintagmas tan bellos y herméticos cuales: “azul sospecha”, “desacreditados elefantes”, “hiperbólicas minutos”, “obtuso centinela” o “perrillo enciclopédico”, que fácilmente daría un extenso trabajo de investigación. Se partirá del comentario que hace Alfonso Reyes sobre la poesía de Ramón López Velarde, él nos planta que es un escritor del agua:

Encuentro en él tres notas principales: el agua corriente: candor, religión de devocionario, feria, provincia, costumbrismo en azul y en rosa. […] El agua en cristal: estabilidad, equilibrio, escultura y esmalte, casi parnasianos; El agua profunda: algo del nuevo calosfrío […] Voz patética, sensualidad y miedo, simbolismo más o menos consciente, sonambulismo suprarrealista avanti la leerte (Carballo, 2003: 108).

Empero es realmente importante esta adjetivación líquida. “El agua es la forma substancial de la manifestación, el origen de la vida y el elemento de la regeneración corporal y espiritual, el símbolo de la fertilidad, la pureza, la sabiduría, la gracia y la virtud. Es fluida y tiende a la disolución” (Chevalier, 1986: 53). El agua es uno de los cuatro elementos griegos y uno de los cinco orientales. Está en contacto con los puntos cardinales y es “Símbolo de la dualidad de lo alto y lo bajo: aguas de lluvia, aguas de los mares. La primera es pura, la segunda salada” (Chevalier, 1986: 56). Es justamente esta primera la que usa López Velarde para resignificar la poesía y olvidarse de las metáforas gastadas; no toca los mares y brinda su aroma salado dentro de la ambientación del poema como lo hizo Díaz Mirón en “Idilio”, usa un agua pura, limpia de toda suciedad. Es la lluvia que golpea las ventanas y el agua de un pozo que refleja a la siempre sapiente tortuga, como nos canta al inicio de “El viejo pozo”, poema publicado originalmente en 1916 en la revista Vida Moderna. López Velarde hace un recorrido panorámico por patio de una casa.

Ni tortuga, ni pez: sólo el venero
que mantiene su estrofa concéntrica en el agua
y que dio fe del ósculo primero
que por 1850 unió las bocas
de mi abuelo y mi abuela…
(López, 2004: 130)

Aunque sirve como recurso descriptivo, la existencia del agua como observador del acto amoroso va marcando poco a poco la intencionalidad del poemario, la unión de lo femenino con el agua. Existen varios ejemplos sobre el uso del agua:

Tierra mojada de las tardes líquidas
en que la lluvia cuchichea
y en que se reblandecen las señoritas, bajo
el redoble del agua en la azotea... (López, 2004: 175)

Así abre el poema “Tierra mojada…” (1917). Muestra un agua limpia y silente, cuchichea. No trata de ser tormentosa, ni entrar de forma agresiva en el poema, muy similar al agua del pozo. Caso muy particular la adjetivación en “tardes líquidas”, donde nos pinta un contexto general del poema, como versa más tarde con una alcoba submarina. Aquí se debe notar cómo el agua afecta la figura femenina, reblandeciéndola, como si tuviese un efecto licuefactor en su cuerpo.
Se ha escrito sobre el erotismo en López Velarde, su biografía podría ayudarnos a comprender este sentimiento tan profundo, José Emilio Pacheco explica que quizá la castidad que rigió toda su vida devino en semejantes muestras de deseo, la amada que no es amante (Pacheco, 1999: 310-311). Aunque Bataille, en la introducción de su libro sobre el erotismo, considera que para que el agua tenga un simbolismo sexual debería estar movimiento, revelando una continuidad, muy similar al de las aguas tumultuosas (Bataille, 1997), el agua en López Velarde es más similar a la que Beauvoir refiere en El segundo sexo, un agua tranquila que guarda los secretos de la virginidad de la joven (Beauvoir, 2008). Es un agua tranquila. Esto se percibe en el siguiente fragmento en que se requiere la presencia de una figura mitológica acuática para remarcar la sensualidad de la mujer.

Tardes en que el teléfono pregunta
por consabidas náyades arteras,
que salen del baño al amor
a volcar en el lecho las fatuas cabelleras
y a balbucir, con alevosía y con ventaja,
húmedos y anhelantes monosílabos,
según que la llovizna acosa las vidrieras...
(López, 2004: 175-176)

Las náyades son las “Ninfas de agua dulce, protectoras del los ríos, las fuentes y los arroyos. Homero las consideraba hijas de Zeus y se las representaba como doncellas muy hermosas y de tamaño muy pequeño. Se les atribuía poderes curativos a las aguas en las que ellas moraban” (Nucci, 2007: 147), pero fuera de su hermosura, este sustantivo vine acompañado de “arteras”, peyorativo que significa “mañoso, astuto” (Diccionario, 2002: 220). Podría acercarse más a la figura de la Undina, guardiana del Oro del Rhin. Desde esta perspectiva, no sólo es una ninfa hermosa, sino que tiene toda la carga semántica de la nínfula. Van agregándose uno a uno los versos con el “baño del amor” y los “húmedos y anhelantes monosílabos”, referentes a los gritos o gemidos sexuales; pero vuelve a aparecer una adjetivación del mismo grupo semántico. Otro punto importante de este fragmento es la reiteración de la llovizna persistente.
Cabría retomar las palabras de Mircea Eliade en torno al papel del agua en la mitocrítica, para lo cual nos dice que las aguas simbolizan tanto el esperma, la concepción, o la generación (Eliade, 2003). Aunque —ciertamente— la sentencia de Eliade funciona también para el ámbito masculino, se debe comparar con la revalorización en López Velarde. Desde este punto de vista en que lo femenino está atado al agua, debería ser lógico buscar en la dicotomía lógica al fuego en lo masculino. Con esta premisa, podríamos continuar la lectura y análisis de “Tierra mojada…”:

aquellas adorables señoras en que ardía
la devoción católica y la brasa de Eros;
suaves antepasadas, cuyo pecho lucia
descotado, y que iban, con tiesura y remilgo,
a entrecerrar los ojos a un palco a la zarzuela,
con peinados de torre y con vertiginosas
peinetas de carey. Del teatro a la Vela
Perpetua, ya muy lisas y muy arrebujadas
en la negrura de sus mantos (López, 2004: 131-132).

Eros, la figura griega de la sexualidad, se muestra con la brasa que quema desde el interior a las señoras —alegoría sexual muy próxima a la escultura de Bernini: Éxtasis de Santa Teresa—. Combinando la llama católica con la sexual, López Velarde maneja una reestructuración del fuego sacro para transfigurarlo en una figura casi fálica, por ello se entiende la presencia de la Vela Perpetua dentro de las sábanas como esa presencia erótica. No por nada Octavio Paz utilizó esta figura para referirse al erotismo, descrito como “El fuego original y primordial, la sexualidad, levanta la llama roja del erotismo y éste, a su vez, sostiene y alza otra llama, azul y trémula: la del amor. Erotismo y amor: la llama doble de la vida” (Paz, 1994: 7). Esta misma luz de vela es la que guía por los mares a los barcos en el poema de 1918: “El candil”.

Embarcación que iluminas
a las piscinas divinas: (López, 2004: 220)


Viendo esto —y regresando a la premisa introductora—, el agua en López Velarde es un elemento femenino. La sexualidad del agua sólo puede ser satisfecha, como dice Beauvoir, con su elemento contrario, y así: formar vida. La luz —previo a dar a luz— es propio del fuego. El poema continúa con estas estrofas, las cuales tienen la misma apóstrofe al inicio, a modo de estribillo para colocar la llama como centro de atención para el lector.

¡Oh candil, oh bajel, frente al altar
cumplimos, en dúo recóndito,
un solo mandamiento: venerar!
[…]
¡Oh candil, oh bajel: Dios ve tu pulso
y sabe que te anonadas
en las cúpulas sagradas
no por decrépito ni por insulso! (López, 2004: 220)

En una ocasión se menciona el “dúo”, la pareja, con el adjetivo “recóndito”, refiriendo a lo oculto o a lo íntimo. Del mismo modo, imprime el verbo “venerar”, que tanto podría entenderse como la elevación de rezos a cierta deidad, o en segunda opción —no tan descabellada por la formación en etimologías grecolatinas que tuvo López Velarde en el seminario— remitiéndose a venerari, proveniente del culto a la diosa Venus, la cual, en otra declinación es venereus. La segunda, retoma esta dualidad, puesta en pareja con la “cúpula sagrada”. Entiéndase aquí el sintagma para validar la segunda posibilidad interpretativa. Lo sagrado comprendiendo como la “comunión de los santos” o una exaltación espiritual, que en ambos casos sería relacionable con el coito o
—siguiendo las palabras del poema— “impulso”. El fuego del candil guía a la embarcación entre las aguas, en este navegar en zozobra, como lo dice el título del poemario, el irse a pique en el agua, como lo canta “Tierra mojada…”.

Tardes como una alcoba submarina
con su lecho y su tina;
tardes en que envejece una doncella
ante el brasero exhausto de su casa,
esperando a un galán que le lleve una brasa […] (
López, 2004: 176)

Se han sumergido en el mar, lo que sería esa “alcoba submarina” por la que espera a la brasa de un galán, ¿quizá un amante? Podría ser una opción al denominar al esposo legal como “brasero exhausto” que la envejece, y es el joven quien le llevará una nueva flama, pero sería salir un poco del tema central de este análisis. Independientemente de la posibilidad de tratarse o no de infidelidad, este fuego es un elemento masculino, poder, sexualidad.

La significación sexual del fuego está universalmente ligada a la primera técnica de obtención del fuego por frotamiento, en vaivén, imagen del acto sexual (ELlF). Según G. Dieterlen, la espiritualización del fuego estaría ligada a la obtención del fuego por percusión. Lo mismo señala Mircea Éliade. El fuego obtenido por frotamiento es considerado «como el resultado (la progenitura) de una unión sexual». Mircea Éliade señala el carácter ambivalente del fuego: «es de origen o divino o demoníaco (ya que, según ciertas creencias arcaicas, se engendra mágicamente en el órgano genital de las brujas)» (Chevalier, 1986: 513).

Por último, podríamos nombrar otro poema, “Dejad que la alabe”, publicado por primera vez en 1917 en la revista Pegaso, el cual termina con las siguientes estrofas:

Retozará en el césped,
cual las fieras del Baco
de Rubens;
[…]
Que me sea total
y parcial,
periférica y central;
y que al soltar mi mano
la antorcha de la vida,
con la antorcha caída
prenda fuego a mis lacios
cabellos, que han sido antes
ludibrio de las uñas
de las bacantes.
Que me rece con rezos abundantes
con lágrimas pocas;
más negra de su alma
que de sus tocas (López, 2004: 166-167).

La presencia mística de las oraciones y el fuego, ahora como una “antorcha de la vida” que al terminar su función es una “antorcha caída”, y que prendió fuego a los cabellos. Las referencias sexuales no dejan de salir a lo largo del poemario, como en otros poemas; “Todo…” y “Mi corazón se amerita…” serían otro ejemplo de ello.
De esta manera podemos concluir que para López Velarde el agua en Zozobra simbolizará la mujer en la que se terminará hundiendo. En oposición semántica, el fuego será el elemento masculino que ayudará a pasear en este universo de náyades y sirenas cargadas de un erotismo deseosas del fuego masculino. A la par, los adjetivos que usa para referirse a estos poderes naturales remarcan un poco los deseos que Bajtín llamaría el “inferior absoluto”. Claro que cada palabra en López Velarde llena de colores y significados tan variados en el poema, pero la muestra que se ha dado ha bastado para comprobar al menos cómo busca conectar semánticamente el grupo del erotismo con la del fuego y el agua.

Bibliografía

Beauvoir, S. (2008). El segundo sexo. Madrid: Cátedra.
Carballo, E. (2003). Protagonistas de la literatura mexicana. México: Porrúa.
Chevalier, J. (1986). Diccionario de símbolos. Barcelona: Herder.
Eliade, M. (2003). “El simbolismo de las aguas”, Revista KENOS. (3). Recuperado de http://www.temakel.com/trtressaguasmeliade.htm
González Martínez, E. (1984). Tuércele el cuello al cisne y otros poemas. México: fce.
Anderson-Imbert, E. (2005). Historia de la literatura hispanoamericana II. Época contemporánea. México: fce.
Lazo, R. (2000). Historia de la literatura hispanoamericana. México: Porrúa.
López Velarde, R. (1998). Obra poética. Santiago de Chile: allca.
__________. (2004). Zozobra. Xalapa: Unidad Veracruzana.
Nucci, H. (2007). Diccionario de mitología. México: Océano.
Oviedo, J. (2001). Historia de la literatura hispanoamericana. Madrid: Alianza.
Pacheco, J. (1999). Antología del modernismo (1884-1921). México: unam.
Paz, O. (1994). La llama doble. México: Seix Barral.
Zaid, G. (1993). Ensayos sobre poesía. México: El Colegio Nacional.
Diccionario de la lengua española, (2002). México: Espasa.

Historia de la cultura literaria en Hispanoamérica II. (2010). México: fce.

sábado, 28 de febrero de 2015

Entre aguas femeninas: Zozobra

Mis navegantes lectores, el día de hoy les mando un cordial saludo entre mis preocupaciones por el viaje a Argentina, un gato enfermo y mi próxima presentación académica en Mérida donde hablaré de la poesía de un autor que aquí les recomendaré: se trata de Ramón López Velarde: mexicano posmodernista que desarrolló una nueva manera de escribir poemas y que sin duda deben leer los que se sienten fuertes en el desciframiento de metáforas.
Su última obra en vida, Zozobra, es considerada su mejor trabajo. Contiene cuarenta poemas —número religiosamente significativo—. Podemos identificar la manera en que busca romper la métrica clásica y la tradición pues en el libro no encontramos ningún soneto, marca bastante clara del desapego por lo tradicional y muestra de una desviación de tono y tema modernista, que, según los críticos, pertenece a la segunda etapa del autor, antecedida por Sangre devota.
Su lírica es laureada por la manera en la que su adjetivación llega a niveles sublimes. Es casi una contestación del poema “Ars poetica” de Vicente Huidobro, en que dice: “Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra; / El adjetivo, cuando no da vida, mata”. Así López Velarde funciona de esta manera con frases tales como: “azul sospecha”, “desacreditados elefantes”, “hiperbólicos minutos”, “obtuso centinela” o “perrillo enciclopédico”. ¿Alguien podría explicar cómo es un Perro enciclopédico? Es bastante complejo en muchos casos, pero créanme, que este autor fue un parteaguas en la literatura mexicana y que todos los poetas de su tiempo lo terminaron adorando. En una conferencia, el poeta mexicano Salvador Novo, hizo referencia a los autores de nuestro país que habían marcado la historia y dijo que Salvador Días Mirón era el poeta del ayer, José Juan Tablada el del hoy, pero era López Velarde quien era el poeta del mañana. Una afirmación que ―tomando la actitud de Novo hacia Octavio Paz― debe sorprendernos.
Otra cosa importante en el autor es el agua, en Zozobra, simboliza a la mujer en la que se terminará hundiendo. En oposición semántica, el fuego será el elemento masculino que ayudará a pasear en este universo de náyades y sirenas cargadas de un erotismo deseosas del fuego masculino. A la par, los adjetivos que usa para referirse a estos poderes naturales remarcan un poco los deseos que Barthes llamaría el “inferior absoluto”. Claro que cada palabra en López Velarde llena de colores y significados tan variados en el poema, pero la muestra que se ha dado ha bastado para comprobar al menos cómo busca conectar semánticamente el grupo del erotismo con la del fuego y el agua.

Si leen este poemrio, mis navegantes lectores, busquen esta manera de leer el libro si se les complica. El agua que te envuelve y te lleva a la zozobra, palabra que presagia el naufragio de toda embarcación.


sábado, 21 de febrero de 2015

Poesía surgida de la guerra: Poesía no completa

Mis nóbeles lectores, entre uno de los tantos placeres culposos que tengo, está la poesía, y hay un poeta en particular de quien quiero hablarles. Una poetisa, para ser exactos. Son pocos los escritores de lírica que me gustan, quizá porque mi formación va más de la mano de la narrativa que otros casos, Gutiérrez Nájera, algunos poemas de Borges, ciertos textos de Gonzalo Rojas, y aún no encuentro nada mejor que “Preciosa y el Aire” para leerles a jóvenes de secundaria cuando los acerco a la poesía para que entiendan que los poemas no son sólo amor. En mi biblioteca, uno de mis autores preferidos es: Wisława Szymborska.
Esta escritora polaca recibió el Nobel de Literatura en 1996, teniendo 73 años. El Fondo de Cultura Económica tiene una de sus antologías más rescatadas llamada Poesía no completa, donde reúnen sus textos después de su defunción ―el 1 de febrero se cumplieron dos años―, y en honor a semejante escritora, el Programa Nacional de Salas de Lectura decidió repartirles a todos los promotores de lectura del país un ejemplar de Szymborska hace tiempo.
Uno de los textos que más me han tocado ―por usar un lugar común― es el de “Un gato en un piso vacío”, de Gente en el puente (1986). Este poema ―así como muchos otros― expresa el sentir de un gato cuando su amo a muerto y que todo es distinto, pero incluso así, tiene la altivez de un felino. Esta pérdida, está muy presente en otros textos. A esta autora le tocó vivir la Segunda Guerra Mundial y compadeció un centenar de veces ante estos recuerdos dentro de su lírica. No sólo son las casas derruidas y la tristeza en piel viva, hay otros poemas como “Primera fotografía de Hitler”, del mismo libro que el anterior, donde nos dice que es un pequeño niño lleno de vida y que no necesariamente tiene que ser malo, pero eso se deberá ver en el futuro. ¿Perdonar a Hitler? Bueno, pese a otros poemas en donde vemos rostros cansinos en estaciones de ferrocarril, añoranza del hogar y gente muriendo, Szymborska nos muestra un nuevo acercamiento poético a todos nosotros.
Su pluralidad de voces y temáticas, hacen de esta autora una presencia hermosa en nuestras bibliotecas. No es una autora como Friedrich Nietzsche o Emil Cioran, que nos ponen en duda la existencia de Dios, no es una de las Brontë que te hace pensar en lo dura que es la vida. Es una autora total, de las que van del gozo al desamor, y del dolor a las memorias felices, porque aunque le haya tocado vivir semejantes situaciones, ella siempre dijo: “El mundo es cruel, pero merece también otros calificativos más compasivos”.

Mis nóbeles lectores, este libro está en sus Salas de Lectura, en sus Paralibros, y quizá en sus bibliotecas, pero el ejemplar cuesta menos de $200°° nuevo, es una joya que no pueden pasar, sobre todo si tienen gatos y sufren dejarlos solos en casa cuando salen de viaje.


sábado, 14 de febrero de 2015

Guerra de clanes, amores y dioses: La rosa del profeta

Mis desérticos lectores, en las últimas semanas de jugar rol por medio de las actividades de la Sala de Lectura d20 me he reencontrado con varios de esos libros con mapas y llenos de dragones, magia y héroes. Así pues, he regresado a un ejemplar bastante interesante en mi colección y que devoré al tenerlo en mis manos, uno tras otro de los tres libros. Hablo de una de las tantas colaboraciones de Margaret Weis y Tracy Hickman: La rosa del profeta. Una trilogía.
Las tres novelas se sitúan en un desierto mágico donde dos clanes en  pugna deben unirse para salvarse de Quar, un dios vengativo que busca destruirles. Los dos clanes adoran a Akhran, y es él, por medio de sus d’jin que les da la orden de casar a Khardan ―de los domadores de caballos― y Zohra ―de los criadores de ovejas―. Se casan, y en un momento de venganza ―ellos dos no se llevan nada bien― él compra una nueva esposa, una linda chica pálida y pelirroja que en realidad es Mathew, un sacerdote evangelizador de otro dios.
La primera de todas: La voluntad del dios errante, desarrolla esta historia de problemas maritales que nada le piden a cualquier telenovela. Los dos se odian a muerte, pero Akhran les obliga a estar juntos, por ello deben tener una relación tapadera hasta que la Rosa del Profeta florezca, y les permitirá salir del embrollo en el que se meterán: la persecución del califa, el imán y muchos más poderes mayores del desierto.
Al igual que El señor de los anillos, en que cada libro termina en un “Continuará”; nos dejan a mitad de un problema para parar a El paladín de la noche, donde agregamos a un cuarto personaje, Auda ibn Jad, seguidor de un dios oscuro enfocado en la destrucción. Mientras tanto el imán de Quar busca convertir a los seguidores de Akhran e incitar una guerra santa.
En El profeta de Akhran, tercera y última novela, vemos el desenlace particular de esta historia llena de triángulos amorosos, pues lo importante de esta saga es que se incluye un triángulo amoroso de Mathew hacia Zora y Khardan. Un monje del dios de la luz bisexual y afeminado, no es lo único que se concluye en este último ejemplar, sino también el ataque crítico de la religiosidad y libertad de culto que se pone en duda a cada momento de la saga.
Todos los libros tienen tantos elementos para el análisis de género y sexualidad, así como analizar el manejo del Poder según Foucault y el modo en que se van planteando los enfrentamientos religiosos y la libertad de culto. Si a esto le agregamos el uso de los d’jin para causar risa y todos los momentos cómicos, deja a un libro de los tantos de maravilla épica al lado de novelas que dan pie a análisis y manejo de subtextos, como el uso de representar a los dioses como una figura de 20 caras, muestra clara de su vinculación con los juegos de rol.

Les dejo estas novelas a consideración ―y a préstamo si asisten a mi Sala de lectura― no sólo para entretenerse con el curioso uso de magia que existen en el mundo de Sularia, sino por lo disfrutable de la tensión narrativa y la manera en que ustedes, mis desérticos lectores, pueden descubrir nuevos mundos tan particulares.


sábado, 7 de febrero de 2015

Ejemplares malditos: Víctor Villarreal Velasco

Mis libreros lectores, he hablado ya bastante de varios amigos lectores y literatos en esta páginas para por fin dedicarle una columna a un escritor saliente y con poco renombre por ahora en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, pero que sin duda tiene el potencial de muchas cosas.
Aunque su currículo de publicaciones tiene casi dos páginas ―repito― es injustamente poco conocido en el mundo literario. Y es justo este aspecto el que quiero notar, pues los verdaderos bibliófilos tienen el mismo gusto que Víctor Villarreal Velasco.
Aunque tiene lírica y poesía visual ―excelente a mi gusto― me enfrascaré en tres libros de su narrativa. El primero es Sefer Raziel HaMalach, la impresionante búsqueda por todo el mundo de un libro perdido y que está en idioma angélico. Los otros dos son Kitah Al-Azif. En busca del Necronomicón y el tercero es En busca del Libro de los Muertos. Se repite en los títulos y el carácter de la búsqueda, e incluso se siente cómodo con un particular modo de iniciar sus historias: una frase en latín. Una manera interesante de comenzar sus libros.
Debo advertir que si gustan de libros de aventuras historicistas como la saga de Dan Brown, este libro es excelente para ustedes; si no, será otro thriller de una cuesta ante un afamado objeto perdido. Quizá la serie de televisión de The Librarians esté vinculada a estas cacerías de tesoros, pero sin duda la predilección por tres libros, es impresionante.
El impacto de los libros mágicos e imposibles que muestra Víctor Villarreal Velasco ya es mucho, como Borges plantea la posibilidad de que varios ejemplares únicos existieran, y plantea en un mundo ficticio, la posibilidad de que Borges conociera el paradero del Necronomicón, no por nada escribió un cuento en honor a Lovecraft y su cuento “El libro de arena” tiene cierta relación con dicho objeto, desde ahí no puede evitar vincular con otros ejemplares y otros escritores que ―si conocen un poco de la historia y tradición de la literatura sobre bibliotecas― disfrutarán bastante.
El protagonista es por más arquetípico, pero incluso atípico en nuestra literatura mexicana: Un profesor de la UNAM, conocido como el Dr. Macías. Este personaje puede descifrar el idioma angélico gracias a la primera novela de la saga y esto le permite viajar a buscar dichos ejemplares teniendo contacto con rusos, estadounidenses, argentinos y demás personas.

La historia en ocasiones emula un diario y sabemos así cuánto tiempo lleva recorrido. A veces es poco y en otros momentos nos ayuda a saber cómo se mueve el tiempo dentro de la historia. Pues siempre termina escribiendo semejante anécdota para nada despreciable. A diferencia de otros textos donde los objetos mágicos son encontrados y olvidados, el Dr. Macías se sitúa cerca de Robert Langdon ―protagonista de El código Da Vinci― o Indiana Jones. Aquí que deberíamos quizá darnos una escapada a Guadalajara y leer a este escritor, buscar algo de él en internet y buscar ese no-sé-qué que Borges veía y nadie más.


sábado, 31 de enero de 2015

Unicornios, magia e inocencia: Encantacornio

Mis salvajes lectores, este día ya sentimos febrero tocando la ventana y no podemos dejar de pensar en que el frío nos está fallando y deberíamos estar con un poco más invierno. Pero esta en esta época ya todos volvieron a labores, sean preparatorianos, profesores y administrativos, nadie está libre de sus acciones cotidianas. El día de hoy les traigo una historia que vengo prometiendo desde hace tiempo, pero la limitante de escribir sólo de autores hispanoamericanos me lo impedía: Encantacornio (Spellhorn, 1989) de Berlie Doherty.
Cabe distinguir que este libro es originalmente para niños, número 22 de la colección A la orilla del viento “para los grandes lectores” del Fondo de Cultura Económica. Pero cabe mencionar que no todos los libros para niños deben ser exclusivos de esa edad. Este libro sirve también a muchos adultos que tengan relación con un grupo de la sociedad muy específico: invidentes. ¿Niños, invidentes?, este libro tiene muchos de los ámbitos marginales de la gran literatura, ¿cómo puede alguien ciego un libro? Pues esta historia fue escrita exprofeso para la radio de la BBC, y en conjunto con varios niños ciegos que formaron parte del trabajo a realizar: llevar literatura a los invidentes.
La constitución del libro es buena hasta ahora. Pero la historia va más allá. Yo que estoy involucrado con la promoción de la lectura, recomendaría el libro para mis compañeros de Salas de Lectura que tienen los ―malamente llamados― niños especiales. El unicornio que conocemos como figura mítica es un tanto arquetípico acá. Su cuerno puede ralentizar el veneno, se acercan a las faldas de una virgen y pueden desaparecer de la vista como cualquier otro miembro de la magizoología. El pinto más curioso de esta historia es lo que en Argentina verían como la dicotomía Civilización-Barbarie. Una raza de salvajes que buscan regresar a su tierra natal con ayuda del Encantacornio y que ―por cierto― hablan de lo más curioso, pues unen conceptos cono “Gente-niña”, “Muerde-batalla” y otros más los cuales ―acierto de Doherty― podrían recibir aplausos de cualquier lingüista reconocido.
En lo que respecta a la trama, es buena en el sentido de un relato maravilloso: no se contradice en todos los seres disformes que coloca como enemigos, las voces en la obscuridad, los murciélagos de la luna. Todo está perfectamente y uno termina sintiendo la identificación héroe-lector que tanto hemos estudiado. La niña protagonista ―oh, sorpresa― es ciega. Tiene visiones con su “Ojo-mente” que le permiten ubicar al Encantacornio, uno de los últimos en su raza, para que el unicornio, con la magia de su cuerno, le permita ver por un tiempo indefinido, porque este animal, además de devolver la vista, puede quitarla. Con esta premisa se puede comprender que el animal quizá no es la visión “blanca” de toda historia. Por ello, ver la portada del libro antes de leerlo puede dar muchas señales importantes.
Mis salvajes lectores, échenle un ojo a este libro y vean lo que Belie Doherty y la BBC prepararon para ustedes. Es sin duda un libro que no pueden dejar de ver.



sábado, 24 de enero de 2015

Cuentos de hadas de ayer y hoy

Mis maravillosos lectores, este día escribo para ustedes desde la ciudad de Guanajuato por papeleo y demás cosas académicas. En el camión, me di tiempo de releer algunos cuentos de hadas olvidados que tenía en mi librero. Así encontré varias joyas literarias en una antología de mi infancia: toda una sección de cuentos rusos.
Para los que crean que Disney arruinó los cuentos clásicos haciendo que a las hermanastras no les corten los pies o ignorando que la suegra de la Bella Durmiente del Bosque era una ogresa que deseaba  zamparse a su nieta; pues les debo decir que es más terrible ignorar a semejante autor como Aleksandr Afanásiev, un folclorista ruso quien, al igual que los hermanos Grimm y Charles Perreault, recolectó cuentos clásicos. La gran diferencia con los dos anteriores es que en Rusia tienen un concepto completamente distinto de lo maravilloso.
En sus narraciones aparecen héroes que deben sortear tres pruebas o, que al ser perseguidos por los antagonistas sueltan artículos mágicos que se convierten en, desde un río, o hasta en un bosque. Lo que siempre amé de estos relatos es la presencia de este personaje: la Baba Yaga, una bruja en veces buena y en veces mala, que vive en una casa con patas de gallina. Puede volar en un caldero y para que nadie la encuentre borra sus huellas con una escoba. Toparse con la Baba Yaga es malo si eres niño, pues ella los devora como la bruja de Hansel y Gretel; pero si eres adulto, puede que tengas una charla agradable e incluso te regale el caballo más rápido del mundo.
Hay toda una sarta de objetos mágicos que van desde un jabón que al arrojarse se transforma en una montaña para cubrir la huida del héroe, hasta la famosa Agua de la Vida y de la Muerte. Hay aves de fuego ―no confundir con el fénix―, caballos de crines de oro, el Lobo Gris, quien sirve de ayudante al héroe para llegar a lugares desconocidos, y que según Vladimir Propp en Raíces históricas del cuento, es un animal totémico, lo cual nos haría pensar en todos los animales que salen en Disney. ¿Por qué a Rapunzel le toca cargar un camaleón en la película? Es una pregunta semiótica muy compleja desde ciertos puntos de vista.
Actualmente hay toda una desviación del sentido original de los cuentos maravillosos. En su tiempo sirvieron para enseñar cosas al pueblo; ahora son películas modernas. Shrek, la nueva Maléfica. Frozen es todo un caso de la adaptación ―exageradamente― libre de la “Reina de las Nieves” de Andersen, y la serie televisiva de Once Upon a Time hizo un arreglo aún más libre de Frozen. Pero tomémoslo como una manera de regresar a los clásicos y refrescar su historia para un público contemporáneo.

Mis maravillosos lectores, les invito a leer a Afanásiev y sus cuentos folclóricos rusos, conocer estas historias distintas y quizá empezar a leerles a los pequeños estos cuentos que incluso nuestra generación desconoce.