sábado, 25 de octubre de 2014

Leer o no leer teatro

Mis teatrales lectores. Ya es la última semana del Cervantino y muchos de los residentes de esta ciudad estamos esperando ―al igual que los taxistas― a que termine el caos vial y la sobrepoblación del pequeño Guanajuato. Como sabrán todos ustedes, están por cumplirse los 19 días de agonía artística. Y lo digo por la manera en que nos enfrentamos los residentes a tantas visitas, tanto consumo y el desmedido turismo que invade nuestra ciudad. Es muy interesante leer este hecho ―por robarle las palabras a mi compañero Alejandro Briseño―. Y quisiera reflexionar sobre algo medianamente olvidado de la literatura y que muy rara vez aparece en columnas literarias como éstas: El teatro.
¿Cuántos de ustedes llegaron a ver alguna obra de teatro en este FIC? Y aunque la experiencia es muy similar a la adaptación de una película, el estar en un escenario e incluso sentir las vibraciones de la voz del actor ―como si de un excelente sistema surround se tratase― no tiene precio.
En todos mis años como profesor, en una ocasión me tocó ser profesor de teatro en secundaria. La experiencia no la cambiaría por nada y estaría encantado de volverla a repetir. El ver surgir de cero una obra, de sentir esa adrenalina al memorizar una línea, o el dar a tu público la escuras perfecta de un buen espectáculo que se refleja en un aplauso.
El origen del Festival Internacional Cervantino son los Entremeses de Cervantes. Que tal vez deberían llegar a leer si es que no los han visto. ¿Qué me dicen de Oscar Wilde? Excelentes obras que tachan lo ridículo en sus diálogos, aunque no llegan al gusto de Molière y sus tan agradables puestas en escena. En México está Rosario Castellanos con el ya reseñado Eterno femenino. O podemos ponernos más metafísicos y leer a Beckett. La experiencia es sumamente grata en su lectura, pero verlas en escena es algo sumamente distinto.
Les recomiendo darse una vuelta este viernes y sábado a las 18:00 al Anfiteatro de Mina de Rayas. Es un espectáculo increíble. Lleno de intertextos y momentos de “humor” si así les podemos llamar. Anamnésis es el nombre de la obra escrita por Jaime Chabeau exprofesa para el Cervantino y tiene bastantes puntos shakesperianos para ser del gusto de los lectores un poco conocedores de la trascendencia del teatro. Si no se tiene esta base imprescindible para apreciar este arte, igual se puede disfrutar, pues un libro o haber pagado ciertos pesos por estar presente en la luneta no te dan esa apreciación nata por el arte. Se puede disfrutar sin problema, pues algo que tiene toda obra es que es humana. Y es justamente la demencia, la pulsión sexual y otras tantas marcas las que nos muestra este grupo.

Dense una oportunidad y vean esta obra donde, mis teatrales lectores, podrán estar en contacto con un ápice de las distintas caras de las musas de Apolo.

sábado, 18 de octubre de 2014

De ficciones y bibliotecas

Mis laberínticos lectores. El día de hoy sacaré mi as bajo la manga. Un autor argentino que tiene una importancia enorme en la literatura mundial. Se trata de nada más y nada menos que Jorge Luis Borges, mi tema de tesis de maestría y además una obsesión extraña que tengo desde que un profesor en la Universidad de Guadalajara me lo presentó.
Lo que les puedo decir de este magnánimo ícono de la literatura es mucho, pero el día de hoy hablaré de la cercanía que tenía con el mundo del libro, y la biblioteca. A pesar de que muchos ya han analizado lo fantástico en él, podemos destacar entre bastantes otras cosas, las figuras poéticas que maneja. Laberintos, tigres, monedas, los gauchos, los espejos, pero uno muy importante es la biblioteca, como dice Jorge Carrión en Librerías, explicando a detalle la función de una colección de libros y la factibilidad social que puede tener. El conocer el sistema de clasificación y fatigar las estanterías, no es la única función del bibliotecario. Debe tener ese enciclopedismo —aunque no totalitario— para conocer el ir y venir del libro.
Y Borges es muy distinto en sus etapas de Fervor de Buenos Aires, su primer poemario donde camina por todas las calles, a otros como El aleph, o El libro de arena, donde vemos personajes enfrentando a las fuerzas extrañas —como diría Lugones— en espacios como escuelas, bibliotecas, jardines y laberintos, o chocando de pronto con ideales de conocimiento como “Funes el memorioso”, “El aleph”, “La biblioteca de Babel”, o por qué no sus ensayos de los dos tomos de Inquisiciones, como “La esfera de Pascal” y “La biblioteca total”.
Pero, ¿por qué el uso tan desmedido de las bibliotecas? Aquí Freud se remitiría a las pulsiones que lo marcaron desde niño. Pero vamos más allá. Borges usa las bibliotecas como medio de conocimiento. “Los árboles no te dejan ver el bosque”, lee el popular dicho oriental. Toda la manera en que conocemos algo de la cultura es por libros, o los cúmulos de saber, que también pueden ser metáforas o sinécdoques de libros.  Los personajes borgeanos están atados a un mundo donde el saber no los hace libres.
Saber un poco de la vida es enfrentarnos a esas bibliotecas inconmensurables que tanto amaba poner. Lugares donde todo se refleja y crea dobles de uno. El ensueño de la vida cotidiana nos lleva a desear poseer el mundo, pero es un mundo laberíntico que nos atrapa. Pero estamos ahí por nuestro gusto.
La escritura de Borges es muy distinta según sus etapas. Poemarios tiene varios con tonos ultraístas donde resalta el realismo y el lenguaje está renovado; ensayos tiene más y de todo tipo. Aunque advierto de los ensayos: llegan a parecer cuentos. Y su narrativa —de vez en vez ensayística— va de los hechos de Historia universal de la infamia, a la gauchesca, lo fantástico y un poco más.

Mis laberínticos lectores. Dejo el libro abierto para que busquen a Borges y se unan al gran grupo que, como Harld Bloom, creemos que es un autor del que no podemos ignorar.

sábado, 11 de octubre de 2014

La importancia de la traducción para el lector II

Mis traducidos lectores, va comenzando el 42 Festival Internacional Cervantino y Guanajuato se llenará de vida, color y lenguas distintas. Luego contaré mi experiencia pues recién comencé mi labor de intérprete para los artistas invitados, por lo que quiero regresar al tema de hace dos semanas: La traducción literaria.
En alguna ocasión platiqué con un estadounidense quien aseguraba que Borges era un escritor fácil para empezar a leer en español. Yo tuve que entrar en defensa del español —y mi tesis— y hacerle notar los cientos de sinónimos usados por él, y que no era tan simple. Hace un año trabajé para concaulta en el 41fic y leíamos en español, inglés y francés fragmentos de Pedro Páramo y La feria de Arreola. Hicimos la traducción al francés y nos dimos cuenta: el capítulo terminaba con un refrán. ¿Cómo decir “según el sapo, la pedrada”? Optamos por modificar la pronunciación de algunas expresiones coloquiales por uniones parecidas en francés.
Aunque volvemos al problema de los sinónimos y expresiones tan ricas que hay en el folclor de cada región. ¿Han intentado explicar qué es “mole” a un extranjero? No por nada los salarios de traductores son los mejor pagados del campo de las lenguas. Ellos tienen un grado de madurez lingüística para explicar elementos culturales como la propina, el saludo de beso, el uso de “mijo”, el albur o a La Catrina.
En literatura es más complejo. Podemos poner una nota al pie, cursivas, pero eso puede que afecte la lectura. Quizá no. Nunca lo sabremos hasta que los gastos de distribución ya hayan sido solventados y el ejemplar esté en todas las librerías. Sobre todo en el año 2000, muchas veces los subtitulados —y no se diga el doblaje— de las películas basadas en libros tenía inconsistencias horribles al momento de hablar, como lo decíamos a propósito de El hobbit.
El problema radica cuando hay cierto tipo de bromas y chistes. Y esto pasaba mucho en las series de los 90’s. Sabrina: The Tenager Witch introducía cientos de juegos de palabras como “Bat Bearth” por “Bad Breath” al referirse a mal aliento, pero como eran brujas, soplaban murciélagos. Datos que no podríamos traducir como lo hicieron los productores de entonces. Y sobre un rompimiento del humor original y traducirlo a nuestro contexto está Derbez con el doblaje de Burro en Shrek.
Ciertamente hay cientos de libros que no lo requieren. He leído a Agatha Christie en tres idiomas distintos y nunca me he topado con una inconsistencia de ese tipo. Pero en varias obras de maravilla épica —cosa algo molesta a veces— el uso del “vosotros” para denotar cierto grado de respeto lo considero chocante. Pero en su defensa, nos estamos cultivando del léxico de otra cultura, y en caso de ir a España podremos comprender expresiones tales como “coger un taxi”, “máquina tragaperras” y “fueron a por él”. De esta última en México es una abominación, pues nos ensañaron en la primaria que nunca se pueden usar dos preposiciones seguidas.




sábado, 4 de octubre de 2014

2 de octubre de 1968: José Revueltas

Mis estudiantiles lectores. El día de ayer se cumplieron 46 años de que —según cuentan los anales históricos— Luís Echeverría, Gustavo Díaz Ordaz y otros gobernantes pidieron la intervención militar en las manifestaciones estudiantiles que reclamaban por un gobierno y educación de calidad. Esa frase de “2 de octubre no se olvida” está presente en nuestras universidades, sobre todo en las facultades de humanidades que tienen a los futuros intelectuales en formación. Y justamente hablaré en esta ocasión sobre un importante partidario: José Revueltas. Mexicano originario de Durango, cumple este 2014 cien años de haber nacido, y  murió a los 61 años el 14 de abril de 1976.
Aunque muchos lo vinculan con el lado “rojo” de la cultura, no se puede ignorar que era un gran conocedor de la realidad mexicana y siempre tuvo una opinión de rescate de la verdad en sus novelas. En el estado de Guanajuato hay una especialista en este autor, se trata de la Dra. Elba Sánchez Rolón. Profesora de Valenciana y fundadora de la Cátedra de Filosofía y Literatura José Revueltas, la cual traerá a Guanajuato conocedores de este autor y de temas afines, para los que se prendan de este autor, estén al tanto de las redes sociales.
¿Qué libro es bueno recomendar de Revueltas? Siete novelas, libros de cuentos, una buena cantidad de escritos políticos. Esto dependerá de cada uno de ustedes. En la maestría  que estudio manejamos las relaciones de poder que hay en la narrativa de este autor, pero sin duda se pueden ver aún más cosas, muchas más. En su libro sobre Revueltas, la Dr. Rolón dice que es un autor que nos muestra un descenso y debemos saber qué hacer con él. Pues nos muestra una realidad tal y como es. Por ello, para los que disfruten de la novela testimonial quizá puedan acercarse a El Apando (1969): obra inspirada en la experiencia de Revueltas en la cárcel después de haber participado en el movimiento del 68. El título del libro proviene de la celda de castigo en que colocaron a varios de los presos y desde aquí podemos imaginar el tono con el que está escrito.
Aunque El Apando no describa en su totalidad al movimiento estudiantil como otros textos; es la novela —la más accesible en librerías—  que muestra de lo que les deparó a muchos militantes que no perecieron en la Matanza de Tlatelolco. Las cifras de decesos siguen siendo imprecisas aunque —gracias a Poniatowska y a otros periodistas— oscila entre los 60 y 350. Pero si quieren revisar al mismo Revueltas, denle oportunidad a la serie de textos no publicados en vida del autor y que son titulados: México 68: juventud y revolución.

No quiero cometer la ofensa de profesar una ideología política. Por ello dejaré que ustedes decidan si debe o no leerse a José Revueltas. En lo personal lo considero un autor con una narrativa bastante contundente. Te lleva a un punto de la existencia donde la desesperación te imbuye a actuar. Sus descripciones tienen vida propia y la manera en que resuelve las tramas no deja nada qué desear a otros autores. Mis estudiantiles lectores, denle una oportunidad a Revueltas y al movimiento al que se suscribe. Que sin afán de promocionar o renegar del grupo de seguidores del “2 de octubre”, deberíamos conocer, tanto como historia de nuestra Patria, y por respeto a los caídos, sea cual fuere el bando.


jueves, 2 de octubre de 2014

¿Qué comen las brujas?

Marina es una niña muy curiosa. Vive muy feliz con su papá y su mamá. Tiene un gato naranja con el que a veces juega.

Cuando una idea se le mete en la cabeza, es difícil que se olvide de ella.
Y esa mañana tenía una pregunta.

— Mamá, ¿qué comen las brujas?
Su madre estaba en la cocina haciendo estofado de calabaza. Pero ante esa pregunta se quedó pensativa.
— ¿Qué preguntas son ésas, señorita? Pregúntale a tu padre. Estoy muy ocupada.

— Papá, ¿qué comen las brujas?
A su padre le gusta mucho leer, y estaba a la mitad de un grueso libro.
— Verás, princesa, las brujas...
Pero en ese momento recibió una llamada telefónica y salió a contestar.

Marina estaba muy frustrada por lo que fue por todo el edificio buscando que alguien le contestara.
— Señora Felipa, ¿qué comen las brujas?

— Señor Ramón, ¿qué comen las brujas?

— Doña Soledad, ¿qué comen las brujas?

Pero nadie sabía contestarle.

«Si fuera una bruja, todo sería más fácil».
Y con estas palabras corrió a su cuarto.

Sacó una toalla del ropero, y se la puso en los hombros «Las brujas usan capas negras», dijo al verse en el espejo; «No creo que importe si uso una toalla rosa».

Aprovechando que su papá estaba al teléfono entró al estudio. Tomó varias hojas de papel y cinta adhesiva «Servirá como sombrero». Y se colocó el embudo de papel, no sin antes arrancase tres pelitos con la cinta.

«Me falta un gato», pensó. «Todas las brujas tienen un gato». Fue al sillón de la sala donde el Señor Micifuz dormía. Como el señor Micifuz era gordo y perezoso, no hizo nada para evitar que Marina se lo llevara.

Por último, abrió el armario y sacó su escoba voladora y su varita mágica.
Que claro, ni la escoba podía viajar por los aires ni su varita podía lanzar hechizos pues era un empolvado plumero naranja.

Con todo esto, ya era toda una bruja. Y cuando Marina entró a su cuarto ya vestía de negro, su nariz se había alargado y en la punta tenía una gorda y fea verruga verde.

Se removió las manos y miró al rededor. Tenía toda una colección de líquidos en todos los colores. "Sudor de sapo" decía uno, "Mocos de lagartija" en otro.

Tomó su libro de magia negra y comenzó a leer: "Manzana envenenada", «No creo que las brujas comamos eso,  a todas nos dolería la panza». "Casita de dulce", «Madre de Dios, yo no quiero tener los dientes picados, además no quiero estar tan gorda». Fastidiada, cerró el libro de golpe.

La bruja se sentó en su cama y empezó a refunfuñar. Estaba tan molesta que con su varita hizo girar todas las cosas en su cuarto y cambió a su gato negro en un cuervo y en una serpiente.
Sólo  por diversión.

Unos golpes sonaron a la puerta. Cuando la bruja abrió vio a su sirviente zombie esperando.
— La comida está lista.

Tomó su escoba voladora y surcó el cielo de su castillo embrujado hasta la cocina.

¿Qué comería?: ¿un niño, un sapo, patas de gallina, manzanas envenenadas, acaso?

Al sentarse a la mesa, vio ante sí un festín. Una mesa llena de variedades, parecía más la comida de un rey que la de una bruja.
— ¿Ya descubriste lo que comen las brujas, princesa?—. Dijo el padre de Marina.
— La verdad no,  papi. Pero sí sé lo que comen las princesas.

Y diciendo estas palabras, Marina se dispuso a disfrutar su banquete real.
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Cuento premiado por La Colmena de Radio Universidad el 30 de septiembre de 2014 en Guanajuato, Guanajuato en el Mesón de San Antonio a las 14:00. Gracias a todos por este valioso apoyo.



martes, 30 de septiembre de 2014

La importancia de la traducción para el lector I

Mis traducidos lectores, estamos iniciando nuestro mes de octubre, volviendo a guardar nuestras banderas tricolores y sacando nuevos colores que van del naranja y negro al rosa mexicano y morado según sus preferencias.
Favi G. Ruelas, una fiel seguidora de mi columna posó una cuestión en torno al rarísimo breviario del Fondo de Cultura Económica sobre J.R.R. Tolkien donde, según nos cuenta: imprimen indiferentemente "Bilbo Baggins" como "Bolsón"; así como las palabras "duende", "trasgo", "elfo" y "gnomo" son utilizadas como les entre en gana. Por desgracia esto pasa muy seguido. Mi profesora de traducción, la Dra. Krisztina Zimanyi me regaló una vez un libro sobre cultura japonesa traducido del francés al español en que mencionaban que en el Japón hay dos formas distintas para el verbo "ser". En francés quizá tuvieran razón, pues "être" se usa para "ser" y "estar"; pero los verbos japoneses "imasu" y "arimasu" son el equivalente de "estar". Y aquí entramos en conflicto.
Lamentablemente no siempre encontramos una versión adecuada a nuestro bagaje cultural. Me ha tocado explicar una traducción de algún ánime porque el contexto en que leo los subtítulos es español y no mexicano. Muchas veces sé de esas expresiones, pero quienes ven ánime conmigo y no lo comprenden se quedan como si de verdad lo estuvieran leyendo en japonés.
¿No pasa lo mismo con las traducciones de libros? En una novela de gángsters que fue traducida por el equipo español de Alfaguara o Tusquets, nos enfrentamos a una "máquina tragaperras" y no a una "tragamonedas". Es como ese video "Qué difícil es hablar en español" que pueden encontrar en Internet. Cada país tiene sus expresiones y modismos, pero —y aquí cito a la Dra. Zimanyi— hay que fijarse en un público meta.
Seguramente el traductor del libro que me regalaron era un experto sobre Roland Barthes, pero no hablaba japonés. Y pasa de igual modo con el Breviario. El señor de los anillos tiene un mitopoesía muy compleja donde encontramos la enorme brecha semántica entre ambos términos —que en diversos países de habla hispana el elfo malvado sea equiparable con el trasgo, es otra cosa—.
Siento yo que hay que pensar muchísimo en el lector. Quizá las compañías encargadas de la traducción de un texto deberían tener también a alguien consiente de las posibilidades de interpretación en la cultura meta, y aquí sobo un poco la teoría de la recepción. Puede que una "tragaperras" suene bien porque es coloquial; pero no de uso común en todo el mundo de habla hispana. Y esto funciona a la inversa, porque en inglés —por ejemplo— no podemos tener una diferencia entre el "queréis", "quieres" y "querés" al momento de traducir a Rérez-Reverte, Arreola o Bioy Casares.

No quiero abandonar esta discusión, así que me gustaría profundizar en ella en varias columnas más, mis traducidos lectores. Espero sus comentarios en este blog.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Transformando a la identidad mexicana: Los días enmascarados

Mis mitológicos lectores, continuando con nuestra lista de autores mexicanos que han usado parte del concepto nacional para elaborar sus obras, les traigo en esta ocasión, a un mexicano de espíritu. Hablamos de Carlos Fuentes. Aunque es considerado por muchos como un pedante literario por cobrar por su obra literaria —y no cobraba $3ººº— y algunas conferencias, prólogos y comentarios de libros tenían su pequeña cuota de honorarios; tiene cuentos y novelas bastante agradables a la lectura, aunque en lo personal jamás he podido terminar La silla del águila debido a su larga crónica de hechos.
Dijimos que no era mexicano de nacimiento, esto se debe a que a pesar de haber nacido en Panamá, pero desde los 16 años de edad contó con la nacionalidad mexicana. Así, su primera y monumental novela La región más transparente (1958) muestra el gusto por las calles de la Ciudad de México —al estilo del flâneur— y cómo la misma urbe puede crear o destruir a los personajes, como teorizó Julio Ramos en Desencuentros de la modernidad en América Latina. Ya desde este momento, cuatro años más tarde, en su obra Aura (1962), regresa a la erudición sobre la revolución y es quizá de sus obras más accesibles de leer pues es la más difundida y analizada y con un final fantástico que podría perturbar a varios.
Dentro de Los días enmascarados (1954) cuenta la mitología mexicana. Los denominados cuentos sobrenaturales, y en particular "Tlactocatzine, del jardín de Flandes" y "Chac Mol". Ambas narraciones reviven figuras mitológicas antiguas, aunque, siempre se la ha criticado a Fuentes el hecho de haber usado la figura del Chac Mool tolteca por el Tlaloc azteca a modo de “licencia poética”. Fuentes nos vuelve a dar una pintura del mexicano. En la primera obra, “Tlactocatzine”, regresa una figura mitológica y toma el papel de algo más moderno, Charlotte, esposa de Maximiliano. En el cuento vemos cómo el olor de las rosas del jardín se transforma en la tumba de Tlactocatzine, mujer que viene del pasado y que “ha desbaratado un velo gris; de ayer a hoy”. Mientras que en “Chac Mol” rompe esta figura magnánima y vemos al final en que nos narra que “Apareció un indio amarillo, en bata de casa, con bufanda. Su aspecto no podía ser más repulsivo; despedía un olor a loción barata, quería cubrir las arrugas con la cara polveada; tenía la boca embarrada de lápiz labial mal aplicado, y el pelo daba la impresión de estar teñido”.

Carlos Fuentes nos cuenta de una manera un poco diferente la historia de México. Desde figuras travestidas, hasta mujeres modernizadas, este autor mexicanísimo nos da un esbozo de la cultura antigua. Y no sólo en esta antología de cuentos, sino en muchas más de sus obras. Mis mitológicos lectores, les recomiendo a este patriótico autor.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Los primeros ensayos en nuestra tierra: Cartas

Mis epistolares lectores, ya son fiestas septembrinas  y el verde, blanco y rojo inundan las calles de Guanajuato esperando poner en exhibición la renovación del fuego de la alhóndiga de Granaditas. Como es el mes patrio, he querido dedicar mis columnas a obras de suma importancia para la identidad nacional. Y hablaré de las primeras muestras de erudición en Latinoamérica: las cartas.
En la maestría, últimamente he tenido que analizar muchas obras especiales, como cartas y libros marxistas, pero me centraré en los primeros. ¿Conocen a José Martí?, ¿han oído hablar de Alfonso Reyes?, ¿el apellido Mariátegui les dice algo? En caso de que no es porque no conocen las obras de estos famosos autores enfocados en un tema importante: “Nuestra América”. Este título alude a un ensayo de José Martí —su estatua está en el Jardín Reforma— donde exalta la idea del americano nativo y cómo no debe ser explotado por el español. Recordemos que para los conquistadores no éramos más que buenos salvajes. Pues al no haber crecido en las ciudades europeas, estábamos librados del pecado y la maledicencia.
El nacionalismo llegó a México con una fuerza extraordinaria. El poema “La Suave Patria” de Ramón López Velarde exalta a nuestra Nación dándole una importancia a sus valles, a las mujeres y a sus ciudades. Pero fue Alfonso Reyes como Visión de Anahuac que nos expuso de modo ensayístico cómo se mueve el mexicano. Recordemos que después vino Octavio Paz, como ya hablamos de él hace varias columnas, pero especialmente queremos hablar de la visón epistolar.
Reyes tuvo correspondencia con muchísimos autores, mi profesor, el doctor Jaime Villarreal dice que escribía por kilo, y no le desmiento nada. Sus cartas con Cortázar, Borges o Henríquez Ureña son extraordinarias muestras de conocimiento donde no sólo nos dice qué visión se tiene del país, sino cómo mejorarla a través de la cultura —algo que nos falta mucho en estos tiempos—.
Entre otras cartas famosas —yéndonos muy atrás— son las cartas de relación. Documentos que fundaron el antecedente para que Latinoamérica estuviera lleno del realismo mágico que tanto desarrollaron en el siglo xx. La idea de que era un continente lleno de cosas extrañas y maravillosas, se quedó impreso, tanto en las cartas de Colón, Cabeza de Vaca, Garcilazo de la Vega y otros, como en el mismo imaginario colectivo. Y si buscan los comerciales turísticos de Colombia su eslogan es “Realismo mágico”, aludiendo no sólo a García Márquez y su literatura sino que en las selvas, calles y playas uno podrá encontrar esta visión más allá de la comprensión europea.

Muy bien. El tema de las cartas es mucho más que esto, requeriría muchísimo espacio para hablar de ellas, pero búsquenlas en Internet. No sólo están los mencionados, Simón Bolívar, héroe nacional de Sudamérica tiene una cantidad enorme de cartas dándole al pueblo lo mismo que en México, mis epistolarios lectores: un despertador americano.


sábado, 6 de septiembre de 2014

Bajo la guía de Tarquino: Levantando la cortina

Mis metafísicos lectores, espero este fin de semana se la estén pasando en compañía de sus familias y preparando las Fiestas Patrias. Aunque como promotor de lectura y maestrante en literatura hispanoamericana no tengo la obligación de conocer todos los libros, muchas personas me han regañado por no conocer a cierto autor.
Hace dos semanas llegó a mí una persona preguntando por Rodolfo Benavides, un autor mexicano que según decía era magnífico. Me decidí buscar algo de este autor y encontré que la bibliografía sobre él es limitada y me dio paso a leer algo de él. En internet encontré el libro Levantando la cortina. Aparentemente un texto adelantado a su tiempo y que podría ser casi profético.
Este libro nos cuenta la historia de Agustín Callado, quien pierde todos sus bienes materiales en un juego de cartas y termina convirtiéndose en minero. Después de esto muere. La historia continúa, ahora con el fantasma de Callado moviéndose en el mundo de los vivos. Y luego con Tarquino, quien será guiado al mundo de los espíritus y donde se le explicará el secreto del universo.
Apoyado de algunos temas como la reencarnación del alma y el espíritu en un nuevo cuerpo, la religión de la India, conceptos de astronomía y astrología, Benavides nos explica casi a modo de ensayo su propio concepto de lo que es la metafísica. Me recuerda a lo que hizo Sarmiento con Facundo o la "Cosmogonía en diez lecciones" de Lugones. Un texto a modo didáctico para dar en forma narrativa un punto de vista. Explica desde la razón para ver estrellas en el universo aún estando cerca del Sol y el por qué no las vemos en el día dentro de nuestro planeta; el por qué un cadáver no siente y es en realidad el espíritu el que recibe el dolor y cómo el karma llega a cobrar su retribución. Pero también nos menciona cómo será el final del mundo, cosa que aparentemente ha ido acertando según los cambios climáticos y actitudes que vemos hoy, por lo que podría ser un texto que prediga el final.
Aunque el libro es pesado por sus más de doscientas páginas de teoría del cosmos, se ve un poco más ligero al copiar la mayéutica socrática que vimos en Diálogos de Platón, e intercalando escenas de la vida cotidiana, como la visita a oráculos y médiums para saber la verdad que nos cuentan los espíritus, e incluso el intento de reencarnación de nuestro protagonista.
Por último, me quisiera detener en el hecho de que el libro recurre mucho a lo mexicano, usando la frase de nuestro Benemérito: "El respeto al derecho ajeno es la paz" como una máxima que se tiene en el mundo de los espíritus y de cómo también sigue habiendo un "Nosotros México" en el Más Allá y la promesa de que no todo México sucumbirá ante el Apocalipsis, pero nuestros vecinos del norte sí.

Aunque el libro sea discutible, es diferente. Tiene comentarios curiosos casi de ciencia ficción, como el hecho de que Neptuno tuvo las mismas experiencias que la Tierra en el pasado y fue habitado, o que no existe calor en el Sol sino es un reflejo del gran calor cósmico; pero da muchas reflexiones curiosas que podrían llegar a interesar a todos mis metafísicos lectores.


jueves, 4 de septiembre de 2014

Sobre la tradición literaria en América

Mis canónicos lectores. Hoy puedo afirmar a ciencia cierta que estoy hartándome de tanta teoría literaria y preparativos de mi tesis y trabajos académicos por una simple y sencilla razón. Una palabra que para Patchbell pudo ser hermosa, pero para mí me ha colmado la paciencia desde hace mucho: Canon.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua le define como: “Catálogo o lista”; pero también como “Modelo de características perfectas”. Y es que este término le ha roto la cabeza a tantas personas, pues cada uno establece sus propios cánones. Mi gusto desmedido por la narrativa, en particular la literatura fantástica me ha dado ciertos libros de cabecera. Y aunque mi maestría sea específicamente sobre “hispanoamericanos”, mi librero académico tiene como residentes permanentes: la selección de Italo Calvino de Cuentos fantásticos del xix, El cantar de los Nibelungos, Bola de sebo de Maupassant, el cuento persa El coloquio de los pájaros, los cuentos rusos de Afanasiev, y la leyenda china de Las diosas de las flores de loto. Eso no quita que tenga a Silvina Ocampo, Cortázar, Borges, César Vallejo, Lugones… Pensemos en que siempre nuestras ideas de un corpus son muy —pero muy— arbitrarias.
Si tuvieran la posibilidad de llevarse un libro a una isla desierta, quizá la decisión sería muy difícil. Pero si les diera a escoger 25 libros, las cosas cambian bastante. Estarían creando un canon literario. Y aunque tengan literatura de la que llaman “comercial”, o “fácil”, todos tenemos total derecho de emitir un juicio a favor de ciertos libros.
El problema surgió cuando se publicaron en el siglo xx libros intentando explicar el canon. Ahí tenemos a Harold Bloom con El canon occidental, donde incluyó a Borges como un autor imprescindible, junto con Shakespeare, Joyce y Cervantes. Pero la idea va más allá. El Diccionario de estudios culturales latinoamericanos nos define al canon como “un espacio que institucionaliza, o bien, a una lista que conglomera, para intentar fijar ciertas normas o valores en un campo cultural”. Pero entramos en la disputa nuevamente de lo que las instituciones nos dicen que es correcto, bueno y aceptable. Si Carlos Fuentes, García Márquez, incluso Cortázar, fueron aceptados en el resto del mundo fue por intervención de editoriales españolas. Si un autor es publicado por el Fondo de Cultura Económica, Anagrama o en Alfaguara debe ser porque sus escritos llegan a ser de los mejores en el mercado, pero en la academia rechazamos textos provenientes de editoriales como Tomo o Editores Mexicanos Unidos es porque no tienen los prólogos o estudios introductorios que nos muestra Cátedra o la Universidad Veracruzana.

Ahí está el problema de lo que consideramos un canon. Es verdad que importa la opinión de los expertos —por algo son expertos—; pero no siempre debe ser tomada en cuenta. Incluso yo como columnista de recomendaciones literarias, sólo he hablado de textos que conozco y me han gustado a tal grado de recomendarlos. Por ello mismo, les invito a ustedes, mis canónicos lectores, a compartirme sus propios libros favoritos, y en caso de que no concuerden conmigo en la opinión positiva de algún libro, rebatan esa idea.