sábado, 10 de junio de 2017

Palabras mexicanas: El chingonario

Mis floridos lectores, la temporada de lluvias ha llegado a todos nosotros mojando a más de un descuidado y afectando a todos los que no la esperábamos. Pero sin duda, una de las cosas más repentinas que me asustaron en estos días fue una gran noticia de la Real Academia Española.
Además de que “Limpia, fija y da esplendor”, según su propio lema —o slogan según se podría decir—, la RAE ha hecho demasiadas modificaciones en el diccionario como para estar llorando ante semejantes decisiones. Algunas personas comprenderían que esto es una decisión adecuada para los tiempos que pasan, y es en realidad un descuido de las viejas tradiciones.
Recuerdo que en la maestría mi profesora decía que era un purista y que no debía ser tan cerrado al momento de hablar de poesía. Mi gusto por los haiku y mi rechazo de los jaikais de Rebolledo, me causaron una buena discusión en clase. Pero lo que pasa acá es ridículo. Quitar el acento a la palabra “solo”, defendiéndose en que se podría colocar un sinónimo para evitar ambigüedad es más que otra cosa, una chingadera.
¡Oh, dioses! Una mala palabra en el periódico. Pues claro. La palabra está en el español validado por el diccionario. Y aunque es una palabra marcada como “malsonante”, es de las más usadas, tanto que llega a esta columna para hablar de un libro que rompe por completo las normas de “dar esplendor” que maneja el Diccionario de la Real Academia Española, y me refiero al Chingonario. Los que me conocen, saben que tengo un particular gusto por las colecciones de Algarabía. No sólo en cuestiones de editorial y revistas, sino en sus ideas. Los temas manejados por la firma son sumamente interesantes, y el Chingonario no es la excepción.
Este pequeño libro que remite a un cuaderno de forma italiana es un diccionario estandarizado de los usos de palabras con la raíz “ching-”. El ejemplar tiene suficientes vocablos acomodados de la A a la Z y expresiones como “Estar chingando”, “Chingadera”, “Chingadazos” y “Pasar a chingar”, con todas sus posibles utilizaciones. El ejemplar divierte, y cada una de sus páginas muestran lo “chingón” que puede ser el español.

Aquí se muestran muchas posibilidades que el mismo DRAE no acepta, pues aunque existen “chingadera” y “chingadazo”, no aparecen voces como “chingonería”, que todos los mexicanos entendemos. Es quizá una modificación interesante la que se hacen en la Academia, y pese a mi disguste obvio, no dejo de maravillarme y tratar de usar estas normas tan distintas para mí. Es quizá la edad, la experiencia o la inadaptabilidad que sufro día con día. Mis floridos lectores, si ustedes conocen un ejemplar como este, o quieren compartir situaciones, estoy a sus órdenes en este correo y espero que conozcan el Chingonario en cuanto antes —por no decir otras palabras—.



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