sábado, 22 de noviembre de 2014

Sentencias fuertes y concisas: Escolios

Mis aforísticos lectores. El día de ayer ―gracias al paro laboral que se impuso en la Universidad de Guanajuato― tomé clases en un cafecito del Agóra del Baratillo. Mi profesor, el Dr. Jaime Villarreal, escogió para esta sesión de Ensayo Hispanoamericano a Nicolás Gómez Dávila. Aunque no se esperaban todos los eventos que han acaecido en nuestro país en estos últimos meses, este es un autor que sigue vivo hoy en día y nos ayuda a comprender lo que pasa.
Es muy importante para todo lector enfrentarse a estos autores, ya que manejan una escritura llamada “aforística”. Se dice que el ensayo no tiene una forma definida. Ya lo decía Alfonso Reyes al definir al ensayo como el “Centauro de los géneros” pues es una mezcla de lo brutal y lo humano, como el Quirón griego. Por ello se le considera “ensayo aforístico”. Es aquí donde entramos en el debato sobre lo que entendemos con aforismo. Aunque hay muchas versiones de una frase breve y definitiva, el Refrán, la Sentencia, la Máxima, y el Axioma, tienen una ligera variante en cuestión de lo pensado. El Yo que escribe el aforismo es el mismo Yo que argumenta en el ensayo y nos habla desde una intimidad profunda.
Gómez Dávila nació en Bogotá en 1913, en tiempos que para él, la cultura no estaba desarrollándose en absoluto hasta la mitad del siglo xx y su libro llegó ―convenientemente― hasta estas fechas. Aunque tiene una religiosidad ―catolicista― muy marcada, no se limita al futuro de la humanidad. El fragmento de este colombiano toma relevancia en lo social: la democracia, el poder, el pueblo. Todo esto llega a nosotros en el tiempo correcto. Todos son textos reaccionarios a lo que ocurría en su tiempo. Y por ello es el título de sus tres libros de aforismos: Escolios. Para todos aquellos que desconozcan el significado de esta palabra, digamos que es toda nota exploratoria en un texto académico. Y esta estructura “rota” nos deja con la misma idea. Uno no entiende de todo, y el hacer pausas cada frase o dos nos ayuda a reflexionar en torno al tema. A diferencia de otros como Émile Cioran, quienes escriben párrafos completos y que cada punto y seguido puede separar una de otra frase que fácilmente podría coronar a modo de epígrafe de cualquier libro. Aunque en la tradición hispanoamericana se pueden separar en aforismos buenos y malos, fácilmente identificables como los que se encuentran en las entradas de restaurantes y cafés y los ejemplares abandonados en las librerías. Aunque también tenemos en otros medios, como en Twitter, microblogs o en la ya desaparecido barra de estado del Messenger.
Aunque estos textos llevan existiendo desde tiempos de Heráclito y mejorando en los siglos xvii y xix, muchos podemos encontrar estos textos como una escritura contestataria filosófica. Por ello, mis aforísticos lectores, les recomiendo acercarse a estos ensayistas tan distintos que en un fragmento podemos recuperar cómo funciona la vida. Hoy en día autores como Gómez Dávila sirven para reflexionar sobre nuestro mundo contemporáneo y nuestra manera de llevarnos en este ser.



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