miércoles, 12 de noviembre de 2014

La mujer y la cocina: Espacio de escritura

Mis activistas lectores, el día de hoy les voy a hablar sobre un movimiento hispanoamericano que fue el boom de mediados del siglo XX: Feminismo. En inicios de los 1900, tras las guerras de libertad sexual que ocurrían en Estado Unidos y Europa, las mujeres hispanas lograron identificarse con las ideologías de varias escritoras, como Hélène Cixous, Virginia Woolf y Simone de Beauvoir. El problema para ellas era que una mujer no podía ser sino un “segundo sexo”, y escribir “con el dedo en la yaga”. Es aquí donde las mujeres en nuestro continente se identificaron con el movimiento.
Entre ellas están Rosario Ferré con su ensayo “La cocina de la escritura” donde nos muestra la posibilidad de hacer literatura a la par que se hace esta arte tan “femenina”. Lo que Ferré nos comenta son muchas preguntas en torno a lo que es el escribir. Ángeles Mastreta en “Guiso feminista” dice que el sexto sentido de la mujer le permite sazonar de tal modo las historias que se genera un interés por parte de sus lectores, y aún más las lectoras que comprenden en su totalidad los sentires y diretes de una mujer. No. Ferré comenta que la escritura no es propia de la mujer, aunque sí hay escrituras femeninas, pero pueden surgir de un hombre, como de una mujer. Es el sentimiento, esa interioridad lo que deviene un texto a ser femenino.
Mujeres como Isabel Allende, Inés Arredondo, Rosario Castellanos, Laura Esquivel, Elena Garro y Silvina Ocampo, tienen en sus textos mujeres que muestran tiempo y sociedad. La mirada de la dama del siglo XIX se ha transformado en una contestataria. “Escribir es subversivo”, dice Ferré y por lo tanto rompe con el patrón hegemónico masculino. Y hagamos el recuento de mujeres escritoras en la historia antes del XIX: las hermanas Brönte, Safo, Mary Shelley. Un puñado ante toneladas de bibliotecas escritas por hombres.
La mujer fue desplazada y llevada a un puesto de: bruja, si bien le iba, pues la Inquisición acabó con muchas de ellas. La cocinera, como lo dice Rosario Ferré, es un humano que nació mujer. Muy distinto a Simone de Beauvoir y su “no se nace mujer, se aprende a serlo”. Es el caso particular de las mujeres en el ensayo que nos muestran su ideología y su propia interiorización. Mujer que sabe latín… de Rosario Castellanos nos cuenta casi a modo de chistes, la condición delegante que existe y cómo, para bien o para mal, las situaciones que afrontan cada día las mujeres están cambiando.

Rosario Ferré con “La cocina de la escritura” o “El coloquio de las perras” son textos que pueden leerse con gusto, Mujer que sabe latín… es casi obligado para las partidarias; mientras que Ángeles Mastreta nos da una visión más mágica de la mujer, con fuego en su interior y un demonio en búsqueda de la luz en la tinta y el papel. Mis activistas lectores, en este cercano Día del Libro dedicado a Revueltas recordemos que es conmemorando a Sor Juana, una de las figuras más importantes del barroco mexicano.


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